Sinaloa México
EDITORES / GUILLERMO SANDOVAL G / M ROCÍO SÁNCHEZ B

La madrugada de un día difícil en Culiacán

La madrugada de un día difícil en Culiacán

Que le cuente en dos cuartillas dónde me agarró la quema del jueves 5 de enero en Culiacán, dice Sandoval. No está fácil, porque podría escribir más, aunque sujetándome al guion, diré que como todos los días, desperté antes de la alborada para poner el café, ver la prensa, “ler” y felicitar a quienes nacieron ese día. Cuando invité a Laura (de quien no daré apellido para que no se vaya a quejar de que la “quemo”) a desayunar para festejarla, resultó que ya estaba enterada y alarmada por los noticieros radiofónicos de que habían “tomando” Culiacán, sin saber aún quien ni por qué. Como la TV aun no proyectaba nada y mi estéreo familiar no funcionaba, fui al del carro y ya todos los noticieros transmitían el “warning” y el llamado a que todo mundo permaneciera en sus casas.  

EL DÍA QUE NOS DESCANSÓ EL OVIDIO

EL DÍA QUE NOS DESCANSÓ EL OVIDIO

Ese día salimos muy temprano de casa como de costumbre, todavía oscura la mañana. No tenemos la costumbre de prender la radio en el carro así que ni en cuenta. El tráfico era normal para esas horas por lo  que enfilamos rumbo a la carretera Mochis-Ahome. Cuando llegamos al entronque a Compuertas todo iba normal hasta que al llegar al ejido Mochis noté un convoy de vehículos, algunos de ellos blindados y otros con las luces características de las patrullas, como estaba oscuro y aunque se me hizo raro me pasé pensando que era un grupo de policías, ni me inmuté, como bien dicen el que nada debe nada teme, así que casi hasta adiós les digo.