El pasado mes de marzo, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) de México emitió la
Recomendación 50/20241, la cual documenta las
persistentes violaciones al derecho humano a un medio ambiente sano, al acceso al agua potable, y a la salud de las personas en la cuenca del Río Sonora tras el derrame tóxico ocasionado por la minera Buenavista del Cobre, de la empresa Grupo México en 2014, considerado el peor desastre ambiental en la historia de la minería de México.
En el documento, la CNDH constata lo que los Comités de Cuenca Río Sonora (CCRS) hemos denunciado durante casi 10 años:
no sólo la minera ha violado los derechos humanos de las víctimas del derrame; también las instituciones, y de forma persistente a lo largo de casi una década. Éstas no se han coordinado entre ellas para trabajar, cuando es su responsabilidad hacerlo; han omitido cumplir con su responsabilidad; y no han implementado medidas preventivas, administrativas, ni de reparación adecuadas para nadie en la región.
Además, las
acciones de remediación y reparación, tanto para las comunidades afectadas, como en términos medioambientales,
que algunas autoridades aseguran haber realizado, son insuficientes o inexistentes. Por otro lado, la CNDH también deja clara (como lo hizo
SEMARNAT en su Dictamen) la
responsabilidad de Grupo México en este grave desastre, y señala que la empresa
tiene la obligación de remediar y reparar el daño persistente; mientras que las autoridades tienen el deber de garantizar que lo haga a través de mecanismos legales. Además, establece que
la falta de debida diligencia por parte de la minera para prevenir, y atender el derrame ha generado múltiples violaciones a nuestros derechos humanos y afectaciones al medio ambiente, tal como lo hemos manifestado desde un inicio.
Tras entregada la Recomendación,
la mayoría de las autoridades señaladas han aceptado su responsabilidad; sin embargo, la
CONAGUA, continúa negándola, lo cual va en la misma línea de su actuar durante años, en los que ha negado el acceso expedito y transparente a documentos oficiales y
ha protegido los intereses de la empresa responsable. Por otro lado, el
IMSS-Bienestar argumenta que no existía como institución en el momento del derrame, omitiendo que, como autoridad sustituta,
tiene el deber actual de proteger a la población y que recientemente ha asumido compromisos en mesas de diálogo con las comunidades.
Han pasado
casi dos sexenios y las autoridades siguen
sin tomar medidas efectivas para garantizar nuestros derechos, mientras la empresa responsable sigue en la impunidad.
Al día de hoy tenemos: metales pesados en la sangre, que se siguen acumulando por la persistente contaminación en agua, aire y suelo; un hospital en obra negra; citas médicas en un Hospital de Especialidades sin toxicólogos, especialistas en salud ambiental o laboratorios para análisis de metales pesados; tinacos almacenando agua de pozos contaminados; y tampoco hay planes ni compromisos para que las 36 plantas potabilizadoras operen a largo plazo.
Esto NO es tomar medidas para reparar el daño. De las
recomendaciones que la CNDH hace a las autoridades federales y estatales, en donde se establecen responsabilidades claras, destacamos las siguientes: