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¿QUIEN SE TOMÓ MI CAFÉ?

  • Jueves, Sep 24 2015

Que tal amigos aquí regreso a compartir los pensamientos que me llenan el alma; dejo en la pantalla a modo de letras los pequeños detalles que completan el día, los meses y los años de mis experiencias por el andar en la tierra; gracias a nuestros amigos de este portal por permitir a quienes no somos profesionales de las letras contar las historias de la vida diaria.

Aquí junto a una humeante taza de café  vienen los recuerdos; contaba mi madre que en su infancia en el municipio de Badiraguato donde nació, mi abuela se dedicaba aparte de otras cosas a tostar y moler café para ella y las demás personas  del lugar, nos platicaba como en un comal aventaba los granos y los volteaba con unas ramas,  de ahí los llevaba al metate para después entregarlo a su destinatario, quienes eran no sé pero ella mencionaba mucho los Landey, los Cuén, don chico cuetes y hasta a Vidal el que hacía las cajas de muerto en el pueblo, alguno de ellos seguramente fue quien recibía el producto de su esfuerzo y pagaba por el servicio.

En la sierra norte del estado de Puebla hay un poblado que se llama Cuetzalan, lo visité en los años ochentas (uh, se que ya llovió y mucho) llegué ahí en un grupo de investigación de la danza indígena que dirigía el maestro Rubén Benítez Aguilar, fascinados entre el maravilloso colorido del mercado y lo hermoso  de la indumentaria de la gente del pueblo nos dimos un  paseo por la plaza principal y el atrio de la iglesia donde se celebran las fiestas tradicionales, los voladores y los quetzales estaban  en plena ejecución danzaria, seguimos con una visita a la casa de un músico indígena, nos sorprendió que en su patio tenía un hermoso cafetal, ahí mismo nos obsequió su arte, tocó con flauta y tambor precisamente la canción El Cafetal alguien le comento que era música colombiana, la cual dijo desconocer solo la aprendió de su papa y él del suyo sucesivamente , ellos cosechaban, tostaban y molían su propio café y lo distribuían en la comunidad, obviamente nos llevamos el nuestro del cual no se quitó nunca el delicioso aroma del vehículo en que viajamos.

En la actualidad cuando voy  de visita a la casa materna me gusta preparar el café antes del desayuno, mi costumbre es hacerlo y dejarlo ahí mientras nos ocupamos en otras cosas para que enfríe un poco, a veces  cuando voy por él, me lo encuentro a la mitad, mi mamá se confunde y se lo toma pensando que es el de ella y es entonces cuando yo digo ¿quien se tomó mi café?  Sabiendo perfectamente el nombre del destinatario de tan exquisito placer cotidiano.

Es así como cada uno de los personajes y situaciones que les cuento aquí en este pequeño relato vivencial preguntamos a donde fue a parar el producto del trabajo artesanal de elaborar café. Gracias por leer estas letras. Que tengan una vida saludable, recuerden  una taza de café es una ventana a la lucidez matinal.

Autora: Sonia Pérez Medina.

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Publicado en VIDA

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