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A propósito de las marchas en la ciudad

  • Domingo, Ene 29 2017
  • Escrito por  Sergio Arturo Sánchez Parra

Fue nuestro mundo moral hasta el 31 de diciembre del 2016. Pobreza, violencia asociada a la delincuencia organizada y del fuero común acechando por doquier, un relevo en el Gobierno estatal, un estado y su gente listas para celebrar las fiestas decembrinas. Como se pudiera festejar había que efectuarlo. El horno no estuvo para bollos dado lo lastimado de los bolsillos de los sinaloenses ante tanto expolio de que es objeto por parte de las autoridades federales y estatales.

A pesar de ello, los habitantes de nuestra región, habíamos aprendido  a ser felices. O mejor dicho a sobrellevar las penurias y sinsabores de una vida lacerada por el manejo irresponsable de la economía nacional. Era un mundo moral en equilibrio. Sostenido con alfileres.

Todo ello terminó el primer segundo del año de 2017. El gasolinazo alteró un orden imperfecto al que la inmensa mayoría de los sinaloenses tolerábamos. Con todos y sus sinsabores. Esa es la lógica del mundo o economía moral de la que hablan historiadores de la talla de E.P. Thompson, Eric Hobsbawn o Georgé Rudé. No es perfecto, ni se acerca a lo que realmente soñamos. Sin embargo, aún esas condiciones, los individuos interactuamos en él con todos y sus bemoles.

El delgado hilo que sostenía a dicho universo fue roto por el empecinamiento de un Ejecutivo federal en aumentar el costo del litro de combustible que como efecto de cascada repercute y repercutirá en la canasta básica de quienes moramos en esta tierra. Lo poco que comemos, compramos para vestirnos, educarnos, etc., fueron puestos en riesgo en la mayoría de las casas de la entidad y el país. El elevado precio de la gasolina provocó y provocará una espiral inflacionaria dañando aun más la de por sí raquítica capacidad adquisitiva del salario mínimo.

El gobierno federal, ha cometido un agravio. Sí, ha vulnerado el mundo moral al que hemos aludido párrafos arriba y con ello abrió la puerta para que la protesta social se despliegue por las principales avenidas y plazas de la entidad como respuesta a la injusticia perpetrada. La ecuación Agravio vs. Rebelión que formulan autores como un especialista en Sociología Histórica, Barrington Moore, ha cobrado carta de naturaleza.

¿Qué hubieran hecho ustedes ante una medida oficial que lacera a la inmensa mayoría de los connacionales? Damos una respuesta. Anormal, sería que nadie saliera a las calles de Culiacán o cualquier otra ciudad del estado a protestar ante el latrocinio cometido. Para cualquiera de las ciencias sociales o sus estudiosos sería por demás preocupante el no ver ninguna respuesta  opositora, que impugnara el aumento a los impuestos disfrazado de gasolinazo.

No es que justifiquemos per se la movilización popular. Que al menor pretexto alguien o algunos decidan cerrar algún boulevard de la Perla del Humaya o salgan a relucir los aerosoles e individuos a través del graffiti pinten la consigna “Revolución o Muerte. Venceremos” en Catedral o el Tierra Blanca-Lomita y les aplaudamos sus acciones.

La historia-la disciplina que ejerzo-documenta que un agravio, cualquier aumento de impuestos, por ejemplo, que altere, rompa el mundo moral que los hombres han gestado, puede detonar la protesta social. Con todas y cada una de sus manifestaciones. Hasta la aparición del “compañero incómodo” de ellas: la violencia.

Y eso estamos viendo hoy en diversos puntos de la geografía mexicana. Por sus dimensiones, literalmente de carácter homogéneo, la articulación de una demanda central: No al gasolinazo y confrontar a un oponente plenamente identificado el Estado mexicano, somos testigos de la aparición de un movimiento social que puede ser episódico o prolongado.

¿Qué debemos esperar los sinaloenses ante la existencia de un escenario político y social convulso?  La historia si bien es una ciencia que estudia el pasado, no tiene poderes taumatúrgicos para predecir el futuro. No obstante esta virtud o limitación, la ciencia de la musa griega Clío, nos puede proveer de ejemplos de lo que tendencialmente podría suceder. Desde el comportamiento mismo de la protesta social, el papel que podrían desempeñar los medios de comunicación ante las revueltas sociales o el propio desempeño del gobierno del alicaído Enrique Peña Nieto.

Los sinaloenses seremos testigos de la realización de movilizaciones callejeras, del reparto de volantes, uso del graffiti para difundir consignas, el empleo de cánticos y símbolos que tengan por común denominador impugnar la lesiva medida gubernamental. Por qué no decirlo?. Está ocurriendo en diversos puntos de la república mexicana. El saqueo de comercios de todo tipo. A ello, se le conoce desde tiempos ancestrales con el nombre de “Taxación Popular”. Un pueblo agraviado, se “cobra” a lo chino el daño que se le comete. Antes eran los graneros, molinos, tienda de pan, hoy son Coppel, Aurrerá o Chedraui. Quiénes lo llevan a cabo? Sus responsables en su mayoría son aquellos agraviados por las autoridades. Pero, también es necesario decirlo, son provocadores del gobierno. Esto último, es por demás una práctica histórica de cualquier autoridad. Infiltrar movimientos sociales, exacerbar sus posiciones, deslegitimarlos y hacerlos presa fácil de la represión gubernamental.

Sobre el comportamiento los medios de comunicación? No se trata de generalizar, pero existen regularidades en sus comportamientos. Minimizar, tergiversar o peor aún, ocultar lo que está sucediendo son prácticas añejas de la prensa escrita, radial o televisiva. Sobre todo, de aquella cercana o víctima del control oficial. Ante ello, es perfectamente entendible que cualquier mass media que se ajuste a estos cánones, difunda por ejemplo cualquier tipo de rumor, desde aquellos que sostienen que es un hecho la aparición de violencia en cualquier protesta social, afirmar que son “intereses oscuros”, los que mueven a los sujetos que impugnan el gasolinazo. El 68 mexicano es una prueba más que fehaciente de esta conducta de aquellos instrumentos y personas encargadas de informar, generar opinión pública.

Y del Estado? Todo. Negociar, oídos sordos o aplicar una respuesta brutal en contra de los manifestantes a quienes han convertido en sus discursos en delincuente. Ojalá que en caso de apostarle a una salida policíaco militar al descontento, recuerden las reflexiones de Don Jesús Reyes Heroles, “usar las bayonetas implica amellarlas, que pierdan su filo”. Es decir, que la de por sí alicaída legitimidad gubernamental termine por consumirse.

Autor: Sergio Arturo Sánchez Parra.

Doctor en Ciencias Sociales. Profesor e Investigador de Tiempo Completo adscrito a la Facultad de Historia de la UAS. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), Nivel I. Autor de diversos artículos para revistas nacionales e internacionales como del libro “Estudiantes en armas. Por una historia política y cultural de los Enfermos de la UAS: 1972-1978”.

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