Si las vacunas son pocas al personal de los hospitales primero le tocan

por Héctor O. Carriedo Sáenz

En estos tiempos penosos de pandemia los rumores y las noticias falsas -incluso emitidas por periodistas de renombre- han dado lugar al fenómeno connotado por los expertos en información y comunicación como infodemia.

Se rumoreaba que tanto el presidente López Obrador como funcionarios cercanos de su gabinete ya habían sido vacunados “en secreto” desde finales del año pasado. En el extremo de la perversión algún reportero lanzó la “volada” de que el presidente había sufrido una embolia cerebral. Todo ello fue desmentido por la propia realidad. También se propagó la especie en el sentido de que era falso que el Gobierno de México hubiera realizado convenios anticipados o precontratos con las firmas farmacéuticas que han logrado desarrollar en tiempo record las vacunas. Más aún, que nuestro país no había concretado ninguna operación efectiva para la compra de vacunas.

A su vez, los gobernadores de la autodenominada Alianza Federalista  contribuyeron a la infodemia, al afirmar que el Gobierno obradorista no los dejaba participar en el proceso de compra, distribución y aplicación de las vacunas, y se mostraban muy dispuestos a comprar vacunas a sabiendas de que los gobiernos estatales no cuentan con ahorros suficientes como para adquirir a precios altos las vacunas. Además las vacunas disponibles solo están siendo vendidas a los Gobiernos de las naciones que pueden adquirirlas a los precios más altos. Nuevamente la realidad desmintió a los gobernadores, al haberse emitido el decreto presidencial para que se abriera la posibilidad de adquirir vacunas tanto a los gobiernos de las entidades federativas como a particulares.

La verdad es que gracias al sentido de oportunidad y anticipación con que actuó el gobierno obradorista, y a la eficacia negociadora del canciller Marcelo Ebrard, existen convenios y precontratos para que -cuando la capacidad de producción y distribución mundial lo permitan- nuestro país pueda tener acceso a las siguientes cantidades de dosis de vacunas:

34 millones de dosis de Pfizer

35 millones de CanSino

77 millones de AstraZeneca, más 51 millones del mecanismo COVAX.

A todo ello se suma el acuerdo de los presidentes López Obrador y Putin para que, una vez autorizados los trámites respectivos, lleguen en a México 12 millones de dosis de la vacuna rusa Spútnik V.

Ya se han aplicado 656 mil dosis de las primeras 766 mil recibidas, pero hay indicios de desorden e improvisación en la ejecución del plan universal de vacunación.

Se había dicho que primero se vacunaría al personal de las áreas COVID de todo el sector salud. Así, el personal de salud y los adultos mayores deberían estar vacunados a más tardar a fines del próximo marzo. Seguirían los adultos de edades entre 50 y 59 en abril; los de 40-49 en mayo y junio, y los de menos de 40, a partir de junio de 2021, para concluir en marzo de 2022 con la sumatoria de alrededor de 126 millones de personas vacunadas. 

Molestaron a la opinión pública los influyentes que se brincaron la fila. También que hayan sido vacunados los servidores de la nación que participan en las brigadas, antes que otras personas mucho más expuestas al virus. Más todavía, se aplicaron 20 mil dosis a docentes del estado de Campeche, sin haber terminado de vacunar al personal de salud de las áreas COVID de hospitales públicos y privados.

Peor aun, los diputados federales de Morena se pronunciaron para que ellos tengan también prioridad en la aplicación de las vacunas, lo cual es por demás ignominioso, y contradice la lección de congruencia que les ha dado el presidente López Obrador de no haberse vacunado adelantándose en la fila, no obstante tener las justificaciones del cargo para hacerlo, como ha sido el caso de varios Jefes de Estado, entre ellos Joe Biden.

Cuando hay influyentismo, criterios dispares, improvisaciones y decisiones discutibles en la prelación que debe llevar el proceso de vacunación se alimenta la desconfianza y la infodemia.

El gobierno obradorista debe clarificar el rumbo del plan de vacunación y evitar que los criterios de racionalidad político electoral prevalezcan sobre los criterios bioéticos y de humanidad.

El humor social está muy sensible y la gente está muy dolida por las pérdidas humanas y económicas de la pandemia; nuestro Gobierno nacional debe generar confianza y procurar seguridad a la población dentro de esta gran ola de incertidumbre que nos amenaza. Hacen falta mensajes que informen y orienten correctamente a la población. Está fallando la coordinación y la comunicación en los tres ámbitos de gobierno y con la sociedad.  Estamos muy a tiempo de evitar las desviaciones y de perder el rumbo…

Durango, Dgo. enero de 2021

Héctor O. Carriedo Sáenz

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