GRACIAS PAPÁ

Autor: JORGE LUIS HURTADO REYES

El payaso es una luz en el camino de los niños.

Charly Brody entró casi por casualidad a pertenecer a la compañía más prestigiada de payasos, primero como ayudante de cámara, utilero, hasta llegar a fungir como Patiño de Coco Petrof, payaso ruso especialista en alambre, trepe, malabares y acrobacia.

Para mantenerse en forma, practicaba a diario más de cinco horas, pues sabía que tenía que estar a la altura del payaso titular de pista.

Fueron tres años de intenso trabajo de práctica y más práctica para alcanzar la titularidad en el escenario. La oportunidad se presentó el día que el payaso ruso por un conflicto laboral abandonó sin más a la compañía de payasos estrellas. Charly Brody entró como emergente y ahí sentó sus reales.

Las luces se encendían en el escenario, era la última función de la temporada de uno de los circos-teatro más importantes del mundo.

Clown's Circus Co., siempre se había caracterizado por presentar todo un espectáculo circense teatral con los mejores payasos del mundo; payasos especialistas en magia, malabares, trapecistas, perchistas, acróbatas...

La carpa de cuatro mástiles se había adaptado en escenario de teatro, con majestuosas escenografías hechas por los más talentosos hombres de la otra dimensión.

Uno de los artistas de mayor presencia era el payaso Charly Brody, malabarista de la risa, originario de México, tenía 8 años de ser parte de esta compañía circense; payaso que no aceptaba error en la pista, con una marcada disciplina y una regia personalidad.

Ese día, en la última función, se encontraba un poco tenso, nervioso, muy contrario a su pensamiento cotidiano hoy necesitaba que la función terminara pronto, quería descansar, pero sobre todo, volar a México a encontrarse con su familia, a la cual no veía desde hacía poco más de un año.

En casi una década de trabajar en esa empresa,  su familia lo visitaba cuando menos dos veces por año, algunos encuentros fueron en Alemania, España, Francia, Canadá, Moscú y otras ciudades del mundo; él a su vez, los visitaba cada año por diez días en México.

En este último año no lo visitaron por el aniversario de su suegra y toda la familia salió a festejar a Guadalajara.

Charly Brody se comunicaba periódicamente por teléfono con su familia, era además muy puntual en mandar su sueldo a su hogar, siempre lo mandó íntegro, ya que él vivía con los viáticos que la empresa otorgaba y con la venta de sus fotografías.

Había construido en su ciudad una bonita casa con todas las comodidades, tenía a sus tres hijos en colegios particulares. Sólo trabajaba para dar a su familia las condiciones para que viviera con tranquilidad. Charly sabía que en este sentido había cumplido con su compromiso, mas también entendía que no contaba con mucho tiempo para dedicárselo a su familia y eso le partía el alma.

La función terminó, pasó a la oficina rodante a recoger su liquidación de temporada, ya lo esperaba el taxi para llevarlo al aeropuerto a un viaje que cambiaría por completo su vida.

Llegó a casa y no encontró a nadie, se disponía a bajar las escaleras, cuando se asomó al cuarto de servicio, ahí encontró a su hijo mayor con una grabadora de mano, ambos se sorprendieron al verse, mas Charly abrazó a su hijo de escasos 16 años, lo besó muchas veces, y le preguntó:

— ¿Qué haces aquí?

—Nada, papá, ¿cuándo llegaste?

—Acabo de llegar de Brasil, ¿y tu mamá y hermanos?

—No lo sé. Mamá no se la lleva en casa —contestó el hijo.

— ¿Y dónde se lleva? —preguntó Charly Brody.

—En casa de su mamá, o en el juego con sus amigas, dice que aquí se aburre mucho y en algunas ocasiones se pasa días allá con la abuela, y yo me quedo cuidando la casa —respondió el adolescente.

—Pero, ¿por qué no la acompañas, hijo?

—No me gusta la casa de la abuela, siempre hay mucho relajo y yo quiero estar solo, solo. —Respondió el muchacho en tono melancólico.

—A que mi muchacho, como estás grande, pero ven, déjame enseñarte todo lo que te traje.

Siguió platicando en tono efusivo el mejor payaso malabarista del mundo.

Pasaron más de dos horas y la charla se animó, el joven cambió el semblante, la frescura con que el padre le hablaba le volvió a la vida.

—Bueno hijo, báñate, que yo haré lo mismo, te invito a tomarnos un helado para seguir platicando y ya después vamos por tu madre y hermanos, y si Dios quiere, saldremos todos los días a pasear —finalizó Charly y se retiró, dejando a su hijo con los ojos llorosos.

— ¡Papá, papá! —gritó desesperado el adolescente, al tiempo que corría a abrazar a su padre.

—Gracias, papá, te quiero mucho —dijo el muchacho.

—Pero, ¿por qué gracias, hijo? —respondió Charly.

El muchacho le enseñó la mano empuñada y le mostró un puñado de pastillas, y con palabras entrecortadas exclamó —cuando me encontraste en el cuarto de servicio, estaba dejando un recado para el que quisiera oírlo —guardó silencio el muchacho, abrazó nuevamente a su padre y le dijo tajante:

—La soledad me envolvió y también la droga, no quiero vivir así, yo necesito escuchar tu voz, papá, ver tus ojos, sentir tu amor, no quiero tu dinero, porque con eso que me mandas yo sólo compro....

—Papá, gracias por haber hablado conmigo...Hoy pensaba suicidarme.

Read 658 times

Leave a comment

Make sure you enter all the required information, indicated by an asterisk (*). HTML code is not allowed.

Top