LA FLORISTA

Autor: RICARDO CARRILLO DAMASCO

En el barrio le dicen doña lechuza  porque dicen que habla con los muertos, se viste siempre de amarillo con un tocado negro en la cabeza, su nombre es Remedios, está vieja pero todavía fuerte, tiene los brazos correosos, el pelo negro y abultado, es de carnes gruesas sin llegar a gorda,  y no muy alta, sale todos los días con su carrito lleno de flores y veladoras, siempre se le ve triste, ese carrito es su pequeño negocio que ella misma formó al quedarse sola, su hija ya trabaja y la mantiene a cómo puede pero ella no quiso quedarse sentada nada más esperando el peso.

Un buen día se quedó pensando buen rato que hacer ahora que ya estaba grande, sin marido y sin trabajo y como vive cerca del panteón, le llegó la inspiración de repente y dijo,  ¡ah¡ , ¡ya sé¡ voy a hacer flores para vender en la puerta del panteón, consiguió una revista con su comadre María donde venían las instrucciones de cómo hacerlas,  y estuvo practicando buen tiempo hasta que le salieron varios diseños de flores como dalias, margaritas, caléndulas, cempoales, Lilys, lirios, y alcatraces y ya que tenía buen repertorio como para ponerse a vender, se fue a un supermercado que estaba cerca de su casa, compró dos cartones de veladoras, y tres ramos de flores de plástico de las que no tenía el molde para copiar los diseños, salió con el carrito como si nada, pasó el estacionamiento y como nadie le dijo nada, se lo llevó para su casa y en el acomodó los ramos de flores que ya tenía hechos juntos con los que había comprado, acomodó las veladoras, las cajas de cerillos, y esperó al día siguiente para iniciar su negocio.

Su primer día sintió una gran emoción al ir empujando su carrito por las calles lleno de flores y le dio miedo de que no se le fuera a vender nada, era la primera vez que emprendía algo y no sabía nada de negocios,  pero sus ganas de valerse por sí misma a su edad la impulsó para poder empezar.

Escogió mal día para ponerse era un martes del mes de agosto, estaba haciendo un calorón y a pesar de que estaba a la sombra de un neem, lo caliente le llegaba macizo, y para acabarla de fregar ese día no hubo ningún entierro y no vendió ni una vela.

Decidió ponerse tres días a la semana y los días buenos que serían los días cercanos al día de los muertos y los días de la madre y del padre.

Llevaba una semana vendiendo cuando le cayó la encargada del panteón, una mujer mal encachada y con un vozarrón le dijo oye tú, y a ti quien te dio permiso de que te pusieras a vender, no sabes que hay que tener permiso para vender aquí?  Ah, no sabía que ocupaba permiso para trabajar le contestó, ni siquiera estoy adentro, estás viendo que me caigo de vieja y aun así me quieres cobrar, ¿cuánto puedo sacar aquí para que me estés cobrando?, ¡ya ni la chingas¡; las mujeres nos tenemos que ayudar unas con otras no?... la encargada se le quedó viendo y le dijo, pues de perdida me hubieras avisado, que crees que estoy pintada o que, ¡ya hombre¡ le dijo Remedios dame chanza, te voy a pagar pero los días buenos, y déjame trabajar, mira como estoy, no tengo marido ni quien me dé nada,  a uno de vieja nadie le arrima nada, ¡y nada es nada¡, está bien le contestó la gruñona,  en eso quedamos pero no te pongas en la pura puerta, ponte más pegada a la barda para que no estorbes, si , si está bien.

Remedios está contenta con el negocio, con el tiempo le ha ido bien, le ha comprado  zapatos a su nieto, ayuda a su hija  en la casa y para ella se compró un lamparín con saldo, con el que habla seguido con su tía que vive en Guanímaro Guanajuato que dicen que es tierra de ánimas y brujos.

Lo de lechuza se lo puso su mamá en su pueblo desde que la descubrió hablando con su papá en el aniversario de su muerte.

Ese día, su mamá se entretuvo terminando de hervir unos tamales y ella se adelantó al panteón, tenía ganas de estar a solas en la tumba de su padre que siempre fue muy bueno con ella y así sin más, empezó a hablar con él y clarito le entendía lo que le decía: ¿Que como está mi mamá? Bien papá, no, todavía no me he casado, el Ramiro se fue pal otro lado sin decir nada y ya no he vuelto a saber de él, si, si, no te preocupes tu por eso, ya pronto me pondré de novia otra vez, las vacas? Ya no quedó ni una apá, mi amá las tuvo que vender todas porque dijo que no sacaba ni pa la pastura, ya descansa pá no te esfuerces mucho, ya te oigo muy lejos… En eso estaba cuando llegó su mamá y la vio que estaba platicando sola arriba de la tumba y le dijo con quién platicas tú?, con mi apá le contestó, como con tu papá estás loca o qué?, no amá no es la primera vez que platico con él, ya he venido como cuatro veces y platicamos buen rato, y de que platican tú?, que te ha dicho de mí?, nada malo no te preocupes má… Ya vámonos pues le dijo su mamá estás igual que las lechuzas hablando con los muertos.

Doña Remedios ya tiene 10 años vendiendo en el panteón, ya está más vieja y más cansada, su mirada se ha vuelto lejana y sombría, y desde hace unos meses, ha agarrado de irse a eso de la media noche todos los viernes a platicar con los muertos que están enterrados, le gusta platicar con los más viejos, más o menos los de su edad, procura que nadie la vea, llega muy silenciosa para no despertar a los sepultureros y albañiles que a veces se quedan a dormir arriba de las tumbas que están cerca de la oficinita de la encargada, prefiere a los que están enterrados en una de las callecitas por donde hay muchos árboles y las ramas forman como una bóveda, se fija siempre en el nombre del muerto, si es hombre o mujer, cuando nació, cuando murió y si los familiares le dejaron algún mensaje arriba o  a un lado de la tumba en alguna lona.

Su hija ya sabe a lo que va y no la detiene, ya se cansó de decirle que no salga a esa hora que es peligroso pero no le hace caso, y nomás oye ladrar los perros que la siguen hasta casi llegar al panteón pero de ahí se devuelven.

Como ya tiene tiempo haciendo eso, ya tiene amigos con los que habla seguido, a los que más visita son a don Fabián Risco y a doña Romelia Escandón, que son los muertos más viejos del panteón.

Hoy es viernes… Es Noviembre y está cerca el día de muertos… Hace frío y afuera hay neblina… Remedios ha estado despierta desde temprano… Fiel a su costumbre se levanta a media noche sin hacer ruido y sale de la casa… Está cayendo una llovizna fría y hace un ligero viento… Va descalza, y camina lentamente por el pavimento mojado… Los perros como siempre la ventean y empiezan a ladrarle y se le atraviesan en el camino, ellas los espanta con un ademán… Termina el pavimento y camina por la tierra mojada…, pisa las piedras con las plantas pelonas pero parece no sentirlas…, tiene fija la mirada en las puertas del panteón que ya están cerca…, ahí  reina  la más absoluta calma, toma la calle principal y se mete al pasillo por donde están enterrados don Fabián y doña Romelia, casi no ve nada en la oscuridad, en el cielo hay una luna casi tapada por las nubes, las obscuras  y siniestras sombras de los árboles la envuelven..., la lluvia arrecia y el frío también, ya no hay luna, ella no lleva con que abrigarse más que su vestido amarillo y tiembla…le tiemblan las manos, tiembla toda, por instinto llega a la tumba de don Fabián se  acuesta boca abajo en la tumba, la lápida está helada, pega la oreja  justo donde está inscrito el nombre del muerto, con una voz quedita como para no despertar a los otros muertos dice, Fabián, estás despierto...? Cree oír unos movimientos debajo de la cripta, oye Fabián…nunca te he preguntado de que te moriste, de qué? habla más fuerte no te oigo, que? Ahí sí, sí, ¿y porqué se te paró el corazón?, no me digas que moriste como el caguamo, íralo te da risa, ah¡ no fue por eso? entonces porque? cómo? ah, sí, varios se han muerto porque no los dejan en paz las deudas, los atosigan hasta que se mueren así como tú, de un paro o se cuelgan de una ventana, si entiendo que te hayas muerto de pura tensión, oye y como se te la pasas ahí abajo? de perdida estás cómodo?, no?.., a poco te quedó chico el cajón?, si? oye y cómo se te ocurrió morirte en semana santa? que ocurrente, para eso me gustabas para aguafiestas, en esas fechas nadie se debería morir, no hay ni curas que te den un rezo, es más todas las iglesias andan ocupadas con las procesiones que ocurrente¡, ¡a quien chingados se le ocurre morirse en semana mayor¡, apenas a ti, ah viejo canijo, ya ni modo y que te gustaría que hiciera por ti desde acá afuera?, no quieres que le diga nada a tu familia? a tu mujer, a tu hijo el flaco ese borracho que viene en la camioneta roja a puro tragar aquí y a poner música?, que?... Ah, bueno, sí,  yo le digo que te arregle  la tumba y que no se haga pendejo, que le dejaste dinero para eso, ándale pues duérmete ya.

Es de madrugada ya, Remedios se incorpora, empieza a sentir lo frío de la noche, sombras por todos lados, siente miedo pero ahí sigue como si fuera su misión ir a calentarle las orejas a los muertos, pone una veladora en la cruz, no la prende porque los cerillos no encienden, se levanta y camina una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete tumbas y llega con Doña Romelia, se arrodilla frente a la cruz, se deja caer despacio, está cansada, el frío es más intenso, tiembla, no deja de temblar, se agarra fuerte de las orillas, se queda quieta, muy quieta, quiere decir algo pero no puede, no le sale ninguna palabra de la boca, se le traban las quijadas, se le dificulta respirar, su cuerpo vuelve a temblar pero ahora de fiebre, empiezan a pasar por su mente una imágenes, se ve arriba de un caballo en su pueblo en medio de un maizal ardiendo por todos lados, gritando, su papá lleva la rienda, el caballo relincha, las llamas se acercan más y son más altas, le tiene terror al fuego, se agarra con todas sus fuerzas a la espalda de su papá, el caballo sale a todo galope sorteando las llamas, ella siente que la sangre se le agolpa en el pecho y que le sale por la boca.

Apenas clarea en el panteón, aún no ha salido bien el solo, un albañil grita como loco, la escena es dantesca, Remedios está de bruces encajada en la filosa cruz de su amiga Romelia.

Parada en la tumba de enfrente una lechuza con sus grandes ojos abiertos, emite su lúgubre canto.

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