LA PARÁBOLA DEL MANGO

por César Peña

¿Quién no ha comido ésta deliciosa fruta alguna vez en su vida? ¿Quién no ha tomado una siesta debajo de un árbol de mango, después de haberse comido media docena de ésta ricura?

Recuerdo con tanta emoción los veranos que pasamos en el rancho de los abuelos después de haber terminado el ciclo escolar. Éramos tantos primos en el rancho para ayudar con las faenas del campo, tal como ordeñar las vacas, sembrar la milpa de maíz mientras seguíamos al arado, buscar nuevos nidos de las gallinas y traer los huevos a la cocina, y otras importantes actividades. Pero mi tiempo favorito era cuando íbamos al arroyo donde estaban los árboles de mango para cortar algunos de éstos y comerlos sin importar que el dulce jugo nos corría hasta por los codos.

Había tantos mangos, asi como otro tipo de frutas, y aprendimos de nuestros padres y abuelos a compartir. Ahora que soy un adulto viviendo en el desierto de Arizona, llegan a mi memoria las ocasiones en que tuve la buena suerte de encontrar mangos en los mercados, los cuales traía a casa para compartir el delicioso manjar con mis hijos pequeños. Uno de mis hijos narraba una historia personal a la que llamó “la parábola del mango”, contando que a Papi le encantaba comer mangos, pero le encantaba aún más compartirlos con ellos… La moraleja de la historia era que el padre de mis hijos siempre quiere compartir lo mejor que tiene con ellos.

He visto que algunos padres de familia retienen y esconden de sus hijos las cosas buenas de la vida… “Ésta nieve está tan rica que no la voy a compartir con mis hijos; voy a comprar una más barata para ellos” es una frase que he escuchado con tristeza de padres de familia que se niegan a dar lo mejor que tienen. Una historia de la antigua América, relata la experiencia que un padre de familia tiene cuando encuentra un árbol con una exquisita fruta, y después de probarla, está deseoso de compartirla con sus hijos. Algunos de éstos participan del fruto, y algunos de ellos se niegan a probarlo, trayendo al padre una inmensa tristeza.

La probabilidad de crear un legado de hijos generosos y decentes es alta cuando los padres han sido un buen ejemplo para sus hijos. Cuando encuentres mangos en el mercado, tráelos a casa. Mejor aún, si puedes llevar a tus hijos al huerto a cortar mangos con sus propias manos, no desperdicies la oportunidad de compartir con ellos lo mejor que tienes, y lo mejor que la naturaleza ha creado.

Mangos: la fruta celestial.

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