Sobre la integración territorial, social y económica en Sinaloa

La responsabilidad de mantener el adecuado orden social, a través del empleo y la gobernabilidad que ha de expresarse en el marco jurídico, es la obligación primordial del ente público. Para lograrlo de manera efectiva, la conveniencia apunta a encontrar el consenso y la participación de los ciudadanos.

En Sinaloa, pobladores de diversos municipios se lamentan de carencias y de no vivir “en la ciudad”, sean estas las cinco principales del Sistema Urbano Estatal o las otras 13, Cabeceras Municipales que, por ese hecho, reciben tal categoría. Son ellos quienes, a su manera, afirman que vivir en un lugar alejado de las “comodidades” de la ciudad no es fácil. La ciudad tiene todo. Pero, sobre todo, la ciudad tiene empleo, mal pagado, tal vez, pero empleo que escasea bastante fuera de ella: “En mi vida si he llorado porque se siente muy feo llegar a la casa de uno sin el sustento para la familia. Es muy feo no tener que comer. Y no es porque uno sea flojo, sino porque no hay donde trabajar...” opinó un pescador de Altata. Sabido es que las actividades económicas primarias han enfrentado desde siempre, y hoy más que nunca, desventajas, desatención e inseguridad, cuando no por el manejo estatizado de la economía, por la súbita y brutal apertura al “mercado globalizado”. La recurrente migración de los trabajadores del campo hace prever que el país está por perder a la generación de reemplazo de los actuales campesinos.

Esta composición poblacional demuestra el fenómeno de migración selectiva de los hombres jóvenes de las zonas rurales hacia las regiones más urbanizadas, o bien, hacia Estados Unidos. Tal parece que el futuro de los productores ya está señalado, y es dejar de serlo. Perdida la independencia alimentaria, enfrentados con el incremento acelerado de importaciones (ya pronto México le abrirá más y más grandes puertas a China), cuando no haya nadie que atienda el campo y los ciudadanos sean meros consumidores ¿Cuál será la oferta de empleo en la ciudad? ¿Cuál es el común denominador de los grupos de “indignados” en todo el mundo?: La carencia de empleo, de oportunidades de trabajar para vivir. Aunque el problema está más extendido en el medio rural, la mayoría de los “nuevos pobres” pertenece al medio urbano, aquí y en China.

¿Por qué no hemos emprendido una dura batalla contra el desempleo y la pobreza? La respuesta es simple: porque prevalecen las ideas y actitudes equivocadas. Las ideas y las actitudes tienen consecuencias, y las malas ideas y las malas actitudes generan, por supuesto, malas consecuencias. Es necesario un mayor esfuerzo de gobierno, organismos intermedios y sociedad en la creación de empleos con una visión integral de los potenciales de cada región y sus localidades. Ante un Sinaloa que parece funcionar sólo con las ciudades conectadas por su eje carretero, la autopista Los Mochis-Culiacán-Mazatlán (ya no la carretera Internacional), y un abandono de sus zonas serranas y costeras, la economía estatal debe enfocarse a aumentar considerablemente la infraestructura física que en justicia corresponda a los municipios, para crear condiciones adecuadas para el establecimiento de inversiones (nacionales y extranjeras), con un criterio de diversificación en su atracción y promoción, enfocado a la creación de capitales en el proceso de industrialización, y no tanto de maquila y de comercio, que menor valor agregado aportan.

Las ciudades o las regiones y Municipios que no planean y no se ordenan son menos atractivas que otras, pero en esto de potencializar sus vocaciones, habría que dirigir la mirada a las acciones (o inacciones) del gobierno y sus políticas públicas, que están por encima de la voluntad popular; es a nivel individual, donde se aprecian los resultados, pues quien no tiene trabajo no sólo se ve empujado a los límites de la supervivencia económica, sino que, además, es golpeado en su dignidad.

Lo aquí planteado, permite afirmar que los grandes problemas relativos al empleo en el ámbito rural y el urbano provienen de la falta de oportunidades en el primero y la concentración de ellas en el segundo. Difícilmente se puede alcanzar una correcta integración territorial y social si no se da primero la paz social mediante la estabilidad económica de la población, de sus familias. Hay inequidad que se refleja en el abandono del campo y en el promover, sin aparente control, el crecimiento de las ciudades. Muchos habitantes del medio rural podrían permanecer y resolver su vida en ese medio, incluso, tal vez ese sea un fuerte deseo, porque como muchos sinaloenses y mexicanos, cada vez esperan menos que los redima “el gobierno”: confían en sus propias capacidades, pero “solicitan” apoyo, porque (aunque lo merecen) no saben o no encuentran las formas para exigir que el ente público los atienda, como por ley le corresponde. O como dijera un personaje periqueño: “la ciudad no es para que viva cualquier pelao...”

Para cualquier orden gubernamental o escala territorial, llámese Estado, Municipio, Sindicatura o Comisaría, -que pueden contar con amplias franjas costeras , de valle central o de sierra-, queda claro que lo valioso no está solo en poseer ciertas ventajas y recursos naturales, sino en encontrar formas de explotarlos de manera racional y sobre todo, en beneficio de su población.

No se valen el disimulo y la desatención: la economía informal (en Pericos o en Mocorito, en Culiacán o en el mero centro de Los Mochis o Guasave) no se quiere ver como problema sino como solución (populista) muy práctica en la que “todos ganan”. Es claro que, al final, en lugar de impulsar el crecimiento económico, trastoca la hacienda pública y genera un alto grado de deterioro visual y medioambiental en toda zona que ocupa. La representación popular debe ir por delante en la necesidad de ordenar y regularizar el evidente libertinaje. Los adjetivos calificadores del desarrollo económico ideal -sustentable, integrador, dinámico y participativo- no son fáciles de alcanzar ante el panorama que presentan los diferentes campos de actividad económica que se advierte en Sinaloa, en sus Municipios y Sindicaturas, las que al parecer, producto de esto mismo, sufren del Síndrome de Peter Pan: nunca crecerán. Y veamos porqué:

Para la ganadería, se han elevado los costos de los insumos, la carne importada ha inundado el mercado (ya no de “vacas locas” pero si de aquellas congeladas por cinco años, mínimo) y los precios para la carne producida localmente son muy bajos. Los inventarios han sufrido una drástica caída y todo esto es en gran parte, un problema económico-social generado en ámbitos políticos

La construcción pierde fuentes de trabajo (aunque estemos “gozando” de estabilidad financiera, según nuestro Presidente), con un marcado rezago como industria de transformación en la creación de empleos, ya que a la fecha registra como inactiva el 75 por ciento de su capacidad instalada. Las mismas condiciones de hace 10 años…con todo y que ya desapareció la Comisión Constructora de Sinaloa (la COCOSIN). Ahora sucede que las constructoras de diversos políticos –operando a través de sus prestanombres- acaparan los contratos.

En el apartado de los servicios y el comercio, lo que sucede en los bancos, pasa también en otras instituciones, y cada vez son más las empresas que, con la idea de organizarse de acuerdo a la actual reingeniería, “reajustan” -es un eufemismo, para no decir que despiden- a buena parte de su personal, cargando el peso del trabajo en los que se quedan. Los avances de la tecnología (como sucedió en con “La Revolución Industrial”) están sirviendo para quitarle el trabajo a las personas, no para que éste sea mejor hecho y se favorezca el desarrollo humano.

Igual situación se vive en la administración pública, donde los gobiernos federal y estatal están recurriendo a los “retiros voluntarios” (y más a los involuntarios), socorrida maniobra e ingrata forma del gobierno para despedir trabajadores, con tal de adelgazar la plantilla laboral. ¿Acaso no es esta una película ya vista muchas veces? Haciendo eco del gobierno federal, el actual titular de la SAF anuncia que pronto la volverán a pasar…“en unos diyitas más”, como dice la gente.

Y en el campo de la educación, ese que “absorbe” la mayor parte del presupuesto estatal (o al menos eso es lo que se dice) la ANUIES (Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior) señala un desolador panorama para universitarios, ya que de la gran mayoría de los egresados en las últimas dos décadas, casi la mitad no encontró un trabajo de acuerdo con su preparación académica… ¿Y cómo creen que estamos ahora?

Mientras que algunos piensan que el sustento económico de Sinaloa es cada vez menos primario (lo cual quisieran ver automáticamente como positivo), habría que revisar los conceptos de población, territorio y vocación para enfocar de nuevo (con tecnología y nuevos conocimientos) lo agropecuario, lo turístico, lo marítimo y lo industrial, entre otros rubros. Muchas alternativas de creación de empleo existen hoy en los diferentes niveles de actividad económica, entre ellas, por mencionar algunas, están el ecoturismo y el turismo rural, de lo que se reconoce Sinaloa (es decir, sus municipios y de estos sus sindicaturas) tiene un gran potencial; la industria extractiva y minera que ya está recibiendo un nuevo impulso, pero también ocasionando graves problemas medioambientales; las excelentes condiciones territoriales para el manejo de especies animales “exóticas” como el avestruz, el cocodrilo y muchas más en las listas del INIFAP y otros organismos agropecuarios dejaron de promoverse en lugar de impulsarse, dejando ir oportunidades de desarrollo que están explorando otros países. Por otra parte, cuando al parecer es la iniciativa privada la que impulsa de alguna manera el teletrabajo (trabajo remoto, freelancers o trabajo en casa), considerando que la entidad cuenta ya con una buena infraestructura de telecomunicaciones, es una obligación del ente público explorar y llegar primero a esas opciones de empleo para que no solo se presenten como “call centers” anidados o apoyados en el Gobierno del Estado (para beneficio, mayormente, de los dueños de ciertas empresas) sino para que sea ampliamente difundida esta modalidad de desarrollo. Definitivamente, el esquema con el que hasta hoy ha operado el Servicio Estatal de Empleo debe superarse, ajustarse al tiempo presente y anticiparse al futuro.

Reforzando la educación y la capacitación, hay que promover la industrialización de mucha materia prima con que se cuenta, procesándola para agregarle valor y con ello crear capital; existe una excelente producción de lácteos, pescado, frutas y hasta maderas. Es de sentido común ubicar centros fabriles precisamente donde la materia prima, por naturaleza, ya cuenta con una ventaja comparativa. Si no producimos más y no trabajamos más es porque no se dan las condiciones para ello. Desgraciadamente, las otras condiciones, las que desalientan, las que boicotean, están ahí: la inseguridad, la burocracia y la corrupción. Pero también está ahí la representación del público, la que debe allanar el camino actuando eficientemente en su nombre.

Se juzgaría pertinente iniciar, mantener y monitorear programas de difusión y exaltación de los valores ambientales, culturales -y sobre todo, humanos- con que cuentan las poblaciones. Debe haber manera de hacer esto con la mejor publicidad -que es la de boca en boca, según dicen- para instalar en la conciencia social otras imágenes -las positivas-, en lugar de las que ahora abundan, con los grupos de poder “fáctico” manejando comunidades a su antojo, apoyados en su extensa red de “halcones” y el contubernio con las autoridades. Hasta los servicios públicos básicos son ahora utilizados como forma de control: el agua potable es insuficiente –se dice- mientras que la pavimentación de calles obedece a criterios electorales… ¿Por qué no pueden llegar -hasta la cocina como lo hace la propaganda electoral- sendos folletos y documentos que los inviten, los motiven y les indiquen como podrán sostener a sus familias y participar más activa y responsablemente en el mejoramiento de su sociedad local? Que no se diga, como afirmaba un Ex Presidente Municipal de Culiacán: “para eso no hay dinero”…

Autor: DR. MELCHOR PEIRO GUERRERO
Lic. en Arquitectura / Universidad Autónoma de Guadalajara-UAG
Maestro en Desarrollo Urbano / Universidad Autónoma de Durango-UAD
Doctor en Estudios Regionales con énfasis en América del Norte / Universidad Autónoma de Sinaloa-UAS

PITC Titular B / Facultad de Arquitectura / Universidad Autónoma de Sinaloa - UAS
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