CUANDO EL PUEBLO SE DECIDE

La coalición que encabezó Andrés Manuel López Obrador, “Juntos Haremos Historia” hizo exactamente eso, formar parte de un nuevo capítulo de la historia mexicana. La cifra de ciudadanos que acudieron a las urnas, fue histórica; la cantidad de votos que le dieron la victoria a López Obrador, fue histórica; Y hubo otra sorpresa de definición histórica. Después de tantos años, México despertó el dos de julio de 2018 para encontrar al viejo dinosaurio agonizando en una esquina, como la cuarta fuerza política del país.

Los ciudadanos han castigado en las urnas las masacres, violaciones de derechos humanos y corrupción del PRI y PAN. La matanza de Tlatelolco, (¡2 de octubre no se olvida!), El Halconazo, “la colina del perro” de López Portillo, la matanza de aguas blancas, los feminicidios en Ciudad Juárez, la masacre de Acteal, la represión y violaciones de Atenco, “el gober precioso”, la guardería ABC, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, los miles de desaparecidos y las fosas en todo el país, los feminicidios que persisten, Nochixtlán, la casa blanca de Peña Nieto y un largo etcétera.

Con este pasado es normal (y valido) que la gente votara enojada, frustrada, decepcionada, dolida y cansada pero hubo un sentimiento que se elevó por encima de los otros: la esperanza. No aquella depositada en un solo hombre (lo que se le dio a AMLO fue nuestra confianza) sino la esperanza de las madres rastreadoras para seguir buscando los restos de sus hijos en la siguiente fosa, la que mantiene en pie de lucha a los campesinos indígenas contra las transnacionales, a la que se aferran los padres de los 43 jóvenes de Ayotzinapa, para descubrir la verdad y encontrar justicia.

La esperanza como espina dorsal que sostiene y mueve al pueblo mexicano después de habernos convertido en una gran herida abierta, que duele y sangra todavía.

Tomando en cuenta lo anterior, es un poco desconcertante (y lamentable) ver tantas quejas y críticas vacías hacia un presidente electo que todavía no ha tomado posesión del cargo. Uno que pretende la pacificación y reconciliación del país, que habla de amnistía y asevera que “por el bien de todos, primero los pobres e indígenas”. Es doloroso pensar que los mismos que hoy examinan con lupa a López Obrador, pasaron por alto y callaron las injusticias y crímenes de los gobiernos anteriores. ¿Acaso no hubo nada en estos pasados seis años, catalogado como el sexenio más violento, que los hiciera indignarse, preocuparse o enojarse como ahora lo hace la decisión de un presidente de usar aviones comerciales o el cabello de su hijo pequeño?

Al parecer en México, el voto razonado que se pedía durante las campañas no incluía una crítica razonada para después de las elecciones. O quizás nos hemos confundido. La crítica a los gobernantes no es igual a la crítica que sometemos a las personas que nos caen mal o nos disgustan: La primera debe estar fundamentada y requiere nuestro involucramiento, investigación y reflexión, la segunda son opiniones sesgadas y expresadas con mala intención.

Este es el momento en el que debemos decidir de qué lado de la historia queremos situarnos: Sí formaremos parte del proceso de cambio (que atañe a ciudadanos y políticos) o sí nos acomodaremos en nuestro individualismo, dejando que nuestras palabras sean guiadas no por el criterio sino por nuestros resentimientos y prejuicios.

Autora ANA LOREDO

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