La esperanza se transforma en desafío

El 1 de julio más de 56 millones de mexicanos acudieron a las urnas para elegir a sus representantes populares. Como lo indicaban la mayoría de las encuestas, Andrés Manuel López Obrador, líder de la coalición Juntos Haremos Historia, se convirtió en el próximo Presidente de México, obteniendo poco más de 30 millones de votos, lo que representa más de la mitad de los sufragios (53%). En las cámaras legislativas MORENA-PT-PES consolidaron la mayoría, así como numerosas gubernaturas, alcaldías y escaños en los congresos locales.

En un hecho sin precedentes el proyecto encabezado por Morena, fundado hace 4 años, cambió el mapa político del país. Tan solo en Sinaloa la coalición ganó las alcaldías de Escuinapa, Choix, Navolato, Guasave, Ahome, Mazatlán y Culiacán, 19 distritos locales, 8 diputaciones por representación proporcional (Morena), el “carro completo” de diputaciones federales y la fórmula del Senado de la República, derrotando así al PRI encabezado por Mario Zamora, al Frente representado por Cuén Ojeda y a Manuel Clouthier. El tsunami electoral dejó severos daños en las estructuras de poder priísta. Tan es así que el gobernador Quirino Ordaz Coppel tuvo que asumir el papel de salvavidas para auxiliar a los damnificados de la elección y arroparlos en el gobierno del estado.

Este resultado rompió con cualquier análisis político y precedente en la vida política y electoral de nuestro país. Otorgar el crédito a los partidos políticos y a los perfiles que estuvieron en las papeletas no solamente es un análisis limitado, es negar por completo la voluntad de millones de mexicanos que hicieron valer el principio más básico de una democracia: el voto. La indignación, el hartazgo y la esperanza fueron los tres factores que rompieron con el bipartidismo en México.

Gobierno legítimo
López Obrador llega a la Presidencia de la República con el poder legislativo como aliado, con el reconocimiento de sus adversarios políticos, empresarios, jefes de Estado, periodistas y sociedad civil. Tuvieron que pasar 18 años para que un mandatario tuviera un fuerte respaldo popular.

Los próximos legisladores, junto con el virtual Presidente electo, han comenzado a trabajar en la disminución de salarios de los funcionarios, la eliminación de las millonarias pensiones a ex Presidentes y la reducción de dependencias federales. La austeridad republicana comienza a tomar forma. El compromiso con la juventud y las oportunidades laborales de la mano del sector empresarial, así como la planeación para la construcción y modernización de refinerías son algunos de los compromisos que comienzan a convertirse en realidades. Todo esto a solo 2 semanas de haber sido electo.

Las expectativas de este nuevo gobierno son altas. Nos entregan un país en crisis. La esperanza que nos brindaron a quienes participamos desde la trinchera de Juntos Haremos Historia se transformó en un compromiso inquebrantable con la ciudadanía. Nuestro primer gran desafío es demostrar que la voluntad política existe y que rechazamos las viejas prácticas políticas que han deteriorado a nuestra democracia. Estas son el nepotismo, compadrazgo, la corrupción, el despilfarro del erario, el abuso de poder, la falta de representación en la política y la supremacía del poder económico.

Un país con más de 53.4 millones de pobres y con 9.4 en pobreza extrema según la CONEVAL, con 7 feminicidios diarios, con plumas censuradas y manchadas de sangre, con más de 34 mil personas desaparecidas, con disputas entre grupos delictivos que dejan decenas de miles de muertos cada año, con ex gobernadores prófugos junto con sus patrimonios inexplicables y con los mayores índices de corrupción tiene derecho a exigir cambios.

Antes y después del 1 de julio comprendimos que fuimos rebasados por los ciudadanos. Sin una estructura sólida, inversiones millonarias y perfiles rimbombantes se ganó con contundencia en casi todo el país. Los protagonistas no fueron otros más que los mexicanos, quienes eligieron hace 6 años el regreso del PRI, hace 12 años la continuidad del PAN y hoy se decantan por un nuevo proyecto. La oposición, con o sin color, independiente o partisana, está siempre presente: la ciudadanía. Su expectativa es el cumplimiento de la ley, la representación política, la libertad y la igualdad de oportunidades. A su vez, la expectativa de quienes estarán en el nuevo gobierno es la exigencia de estos por sus derechos y el cumplimiento de sus obligaciones.

Estamos ante una oportunidad histórica para darle voz a quienes se les había arrebatado. La cuarta transformación será transparente, plural, incluyente, empática, tolerante y para todos los mexicanos, sin distinción de clase social, etnia o género. La esperanza se transforma en desafío. La oportunidad está ahí y sería un error desaprovecharla. Al tiempo.

Autor: Carlos Rea

Read 252 times Last modified on Martes, 02 Octubre 2018 21:36

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