LA IZQUIERDA DE MÉXICO EN SU LABERINTO

por ELADIO URREA
Votar o militar en la izquierda no te hace de izquierda, como cargar o leer un libro no te hace intelectual.
Hojeando nuestra historia es fácil darse cuenta de los errores cometidos por el hombre, de los admitidos y los no reconocidos del pasado. El camino andado no es posible corregir pero, si la historia nos sirve de algo, es útil para tratar de evitar más tropiezos en el camino que tenemos por delante.

La crítica no es una práctica que crea simpatías entre los aludidos, pero suele ser más benéfica que la fácil alabanza que entorpece el crecimiento del individuo. En este caso la crítica se hace con la izquierda tradicional de México, hoy fragmentada y sin un rumbo claro hacia dónde se dirige. Tal como ahora se ve la izquierda está necesitada de una crítica y autocrítica profundas de quienes tienen los elementos y el interés político e ideológico para ofrecer una bandera alternativa al desarrollo del país.
Este no es un planteamiento del todo ingenuo porque se tiene claro que en las organizaciones de izquierda, donde se da el encuentro de intelectuales de todas las tendencias, el ejercicio de la crítica es una práctica cotidiana pero resistente al convencimiento. Este es un problema, al mismo tiempo que una virtud de los intelectuales que habitan en una izquierda que se mueve entre la democracia y la anarquía.
Es democrática porque hace consensos y participa en la política, con las reglas acordadas entre las distintas fuerzas que compiten entre sí y es anárquica cuando, al no lograr el poder e imponer su proyecto político de nación, tiende al desconocimiento de las reglas y acuerdos previamente logrados con sus adversarios. Como complemento las otras fuerzas hacen lo mismo en su oportunidad, provocando que el país avance lentamente o incluso vaya en retroceso en los momentos más difíciles.
La situación actual de México está en este punto. El país vive inmerso en una variedad de problemas, recientes como añejos, y aquí la cuestión es: antes que analizar, priorizar su naturaleza y causa para enfrentarlos y exigir su solución, por lo contrario se aprovechan para exhibir y debilitar a quienes ahora están al frente del gobierno de la república. No importa la naturaleza ni el origen que han dado lugar a unos y otros; inclusive hay que mentir adelantar juicios y tergiversar los hechos si eso ayuda en sus propósitos. Y si no hay la fuerza suficiente para acabar con el adversario, la fuerza desplegada será suficiente para paralizar o mover un paso atrás al país. Al final el que pierde es México y como siempre los que menos tienen.
Ese es el propósito: debilitar al máximo al contrario pensando en la próxima contienda y, ahora en la alternancia, guardar lo propio para el siguiente turno ¡No hay tiempo que perder! La política es terreno tenebroso y, claro, quien se asoma a ella aprende y se contagia, pero el estilo también cuenta porque la forma es contenido.
Sabemos de la responsabilidad del PRI en una cantidad indeterminada de muertos y desaparecidos políticos en el curso de su larga vida. El PRD afirma de 500 perredistas muertos solo en el periodo de Carlos Salinas. Pero en este nuevo capítulo los muertos y desaparecidos de Iguala y Guerrero, no son, ni de lejos, comparables a los asesinatos del 68, como se ha venido señalando; los conflictos, el móvil y los hechos son de distinta naturaleza y contexto. En este caso no se puede decir que el presidente y el PRI son los autores y asesinos, por más responsabilidad que se les adjudique, como si lo fueron Díaz Ordaz y el PRI del 68, no al menos aun y ahora en Iguala.
¿Y quién se acuerda de los “Guerreros Unidos”? Pues no, no hay espacio para un México unido porque parece que no interesan tanto los desaparecidos, no para todos; lo que más interesa es la renuncia del Presidente, y con el caos generado entrar al reino de la anarquía. ¿O acaso creen que el presidente saldrá sonriente como cuando llegó a Los Pinos?
En tiempos de guerra hay poco espacio para el cálculo fino de la política, pero si hay que tener cuidado de apuntar los dardos en la dirección correcta, si no queremos que después la espada se vuelva en contra nuestra, como la guillotina sobre Dantòn y Robespierre durante el periodo del terror de la Revoluciòn Francesa. Pero aquí la metralla no tiene partido y solo un objetivo muy poderoso, el dinero.
¡El Sol Azteca que ha vuelto por sus sacrificios!, con sus altares en llamas intercambiando fuego por sangre de un pueblo que se niega a abandonar sus raíces, empujado en busca de culpables entre el humo de la confusión. Una pesadilla que refleja la realidad de su tragedia, donde la rueda de la conciencia gira hacia atrás para llenar de lodo la cuna del Plan con el contenido de las tres garantías y usurpar el nombre del caudillo de la libertad, de la historia de Guerrero y de México entero.
Con lo dicho hasta aquí no sé si soy de izquierda, porque tampoco ellos lo tienen claro. Lo que si se es que el país necesita ahora más unidad y, de ser posible, cerrar filas en contra de nuestros peores enemigos que surgen aquí y allá, como cáncer de un país acribillado, descomponiendo todo el entramado social débilmente construido a través de nuestras instituciones, incluyendo, principalmente, a la familia. Por lo demás, en política siempre habrá tiempo de dar y recibir.
AUTOR: ELADIO URREA

Read 248 times Last modified on Lunes, 01 Octubre 2018 23:44

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