La mujer en el 68, una mujer.

Entrevista a Ana Ignacia "La Nacha" Rodríguez. Estudiante partícipe y presa política del 2 de octubre de 1968

“A mí no me interesa perdonar. Yo no perdono, ni olvido”: La Nacha Rodríguez

Por Mónica Vázquez Delgado

Ana Ignacia Rodríguez Márquez, conocida como “La Nacha” fue partícipe y presa política del movimiento estudiantil, el 2 de octubre de 1968. Estudió Derecho en Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Nació un 26 de julio de 1944, originaria de Taxco, estudiante de Derechos Humanos en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y perseguidora de la lucha social desde hace más de 20 años, junto al Comité 68; una asociación que reúne algunos de los ex estudiantes involucrados en dicho movimiento.
Para “La Nacha”: la lucha sigue.

¿Cuál fue su participación en el movimiento estudiantil de 1968?

Acudí a la marcha del 26 de julio para conmemorar la Revolución Cubana y ahí se arma una pelea. Los granaderos agreden a mis compañeros, así que decidimos regresarnos a nuestras escuelas.

Yo estudiaba en la Facultad de Derecho de la UNAM y empezamos hacer nuestros comités de lucha para manifestarnos en contra de la represión. A mí me proponen quedarme a cargo de las finanzas en el comité de mi facultad y yo les digo que no puedo, porque voy hacer mi tesis y mis compañeros me dijeron: “Ándale, sólo es por dos semanas, apoya a los muchachos”, y me quedé.

El Consejo Nacional de Huelga (CNH) se forma después de los ataques del 26 de julio y de las vocacionales dos, cinco y de la preparatoria Ochotorena, ¿cómo se comunicaban los consejeros de cada Facultad o de cada escuela con el CNH?

Bueno, yo nunca fui parte del Consejo Nacional de Huelga, éste era la máxima autoridad del movimiento.

Mi amiga Roberta Avendaño Martínez “La Tita”, era la representante del comité de la Facultad de Derecho en las asambleas del CNH. A veces llegaba acompañarla a la asamblea. Había comunistas, maoístas, trostkistas, libres pensadores, de todas las ideologías y en ocasiones era difícil ponerse de acuerdo.

En las asambleas se trataban los puntos y cada representante de su escuela comunicaba en su comité local lo que se trataba en el CNH. Costaba mucho trabajo, tantas personas con diferentes formas de pensar. Cuando la represión aumentó, nos unimos más.

Hablábamos mucho de la irracionalidad del gobierno, queríamos diálogo público. En las brigadas mixtas o de mujeres, informábamos al pueblo de nuestras movilizaciones. Boteábamos y el pueblo en eso, siempre nos apoyó. Sin el pueblo, no hubiéramos podido continuar con el movimiento.
Subsistíamos del boteo, gente que trabajaba en el mercado nos otorgaba alimentos para las juntas de madrugada.

Muchas personas se preguntan, “¿por qué no hizo nada el pueblo después?” y yo siempre respondo: “Pues qué querían, ¿cómo se iban a revelar, después de ver el mayor significado de la represión, con la matanza de Tlatelolco?” No era fácil, el gobierno violentó al estudiantado y de la misma forma, al pueblo mexicano, también.

En las asambleas, ¿existía el temor de ser asesinados por el gobierno?

Nunca nos imaginamos que el gobierno tomaría la decisión de asesinar a estudiantes. El máximo temor era ser golpeado brutalmente, pero ser asesinado, nunca. Si hubiéramos sabido la verdadera consecuencia, creo, nadie hubiera ido. No éramos mártires.
Bueno, que sí me dices ahora que México se ha declarado en guerra, te lo juro yo participo, y si me matan, pues ni modo , estoy de lado de las personas que deseamos un cambio en este país.

¿Su mamá sabía de su participación en el comité de su Facultad y en las marchas?

Mi madre no sabía. ¡Imagínate que se hubiera enterado que dormía en la facultad con 100 o 200 hombres! Eso sería un mito para ella. Todavía, después de un tiempo que se enteró, no lo creía.

Hablemos de los antecedentes del movimiento. El 30 de julio, el rector Javier Barros Sierra, iza la bandera a media asta en luto por la violación a la autonomía universitaria, debido a la entrada de militares a la UNAM, ¿cómo se vive este momento, qué reacción hay entre los universitarios?

Un logro y una gran expectación. Ver a tu autoridad máxima izando la bandera significaba su total apoyo. Fue un gran personaje, se puso del lado de sus estudiantes y en contra total de la violación a la autonomía.

Fue presa política. Es encarcelada cuando el Ejército entra Ciudad Universitaria y es llevada a Lecumberri ¿Cuántos más fueron llevados?, ¿cuánto tiempo estuvo encarcelada?

El 18 de septiembre de 1968, caigo en Lecumberri, cuando se viola la autonomía en la universidad. Agarraron 44 mujeres, nos interrogan que si éramos comunistas, qué libros teníamos en casa, cuántas veces habíamos ido a Cuba, a la Unión Soviética, por qué leíamos a Marx, a Lenin y por qué queríamos imponer el comunismo en México.

Nos liberan después, ya que el movimiento estaba en sus inicios, estaba muy fuerte. Al salir nos echaron porras. Pero yo pensé: “Ya violaron la autonomía, a seguirle con la lucha”.

El segundo encarcelamiento, después del movimiento, ¿cómo fue aprehendida?

Fue en Tlatelolco, logramos escapar, corrí hasta el Sanborns de la calle La Fragua y unas extranjeras me ven, les doy el número de un amigo doctor que vivía cerca de ahí.

Cuando llegué a su departamento, oí en la televisión: “La versión oficial es que había franco tiradores entre los estudiantes” y grité: “¡ESO ES MENTIRA, NO ES CIERTO!”.

Al día siguiente, despierto y le hablo a “La Tita”, preguntando por mis compañeros y ¡oh, sorpresa!, el teléfono estaba intervenido y me comenzaron a buscar, como no me conocían físicamente, arrestan a la esposa de mi amigo el doctor, por lo cual, me entrego.

A mí me entrevista un gringo, que para mí, era de la CIA. Después nos encarcelan en la misma celda, a “La Tita” y a mí, junto con otros tres compañeros.

Yo fui testigo de cómo torturaban a compañeros. No era justo. No habíamos hecho nada.

Amo Cuba. Me gusta mucho. Mi mayor referente, después de mi madre e hijas, fue el “Che” Guevara. El “Che” dejo de ser un ideal para convertirse en realidad. Cuando me encarcelan, en el documento decía: Ignacia Rodríguez, alias “La Nacha”, cheguevarista.
Es lo único que le agradezco al gobierno, mi beca en Santa Marta College (Santa Martha Acatitla), aprendí a conocer al “Che”, su ideal, su ética me mantuvo en esta época.

En el 40 aniversario fui y colgué una bandera del Comité 68 en Cuba.

El 13 de septiembre se lleva a cabo la Marcha del Silencio, ¿cómo describiría este momento?

Magnífica. Era una marcha impresionante porque se nos había atacado de que nosotros teníamos puros héroes extranjeros: el “Che” Guevara, Marx y en esta marcha sacamos a los héroes nacionales y nos preguntamos: “¿Qué más podemos decir, después de tantas movilizaciones? y dijimos: "el silencio".

Fue impresionante. Era demostrarle al gobierno que nosotros no necesitábamos de nada, ni de la palabra misma, que teníamos mucha fortaleza. Éramos un grupo luchando juntos, reclamando justicia. Lo único que se oía era el sonido de los zapatos al caminar.

Son vivencias que se te quedan por siempre. Aprendimos a valorar el silencio.

Después, sale el ejército de Palacio Nacional, ¿cómo reacciona el estudiantado?

Estábamos en la explanada del Zócalo y de repente se oye una magna voz: “Tienen 15 minutos para desalojar” y entre nosotros: “No, no es cierto, no nos vamos a ir” y nuevamente se oyó: “Tienen 10 minutos” y ya empiezas a sentir el escalofrío, ¿no? y luego, se escuchan los tanques y los zapatos de militares marchando hasta que por última vez se oyó: “Tienen 5 minutos” y aun así no les creíamos. Entonces, los vemos salir de Palacio Nacional y ¡córrele para donde sea!

Me acuerdo que “La Tita” iba corriendo y detrás de ella un policía con su bayoneta le dijo: “Ah, ¿quieres tu diagaloverdad, tu diagalo?” en lugar de “diálogo”.
Pobre gente, nosotros les decíamos que éramos pueblo, hermanos, pero pues no se iban a poner en contra de las autoridades.

Y llega el 2 de octubre. Es la fecha más significativa durante la cronología de este movimiento, sin embargo, cada quien vivió el momento diferente o quizá más que vivir, lo percibió de distinta forma, ¿cómo lo vive “La Nacha Rodríguez”?, ¿qué fue lo que más le marcó?

Me dio mucho miedo. Nunca me esperé una cosa así, pensaba, como muchos compañeros, que no eran balas reales.

Corrí para salvar mi vida, me escondí, nunca pude vislumbrar la dimensión de ese momento. Digo, lo viví y todo, pero sigo pensando en que jamás imaginé en todo lo que ocurrió ese día.

Cuando vimos las balas, “La Tita” me dijo: “¡Córrele, porque nos van a matar!”, y yo le respondí que no era para tanto, no podían matar a miles de estudiantes, “¿cómo nos iban a matar?”; le dije.
Minutos después, empezaron a correr todos y yo con el palo que sostenía mi manta de “Facultad de Derecho”, la arrastraba y “La Tita” me dice: “No seas pendeja, deja esa cosa, ¡córrele!”
A muchos de mis compañeros ya no los volví a ver. Ahí quedaron, en Tlatelolco.

Así te lo cuento… con mucho dolor, con mucha tristeza, con mucha impotencia. Qué injusticia, ¿no?, ¿por qué recurrir a la matanza, a las armas?

A 43 años del movimiento, ¿cuál es su opinión, la opinión de la “Nacha Ramírez”, la opinión de una de los millones de estudiantes que lucharon por un cambio en el país, de la actual situación de México, en cuanto a su política, su sociedad y su juventud? ¿Cómo ve a la juventud mexicana?

Me han tocado vivir grandes momentos, ¡qué lástima que “La Tita” ya no pudo vivirlos! Se nos fue hace 10 años. Ella merece un gran reconocimiento, pero se nos adelantó.

Yo confío mucho en la juventud, el joven siempre pone el ejemplo, lo vemos en Chile. Yo creo mucho en la juventud mexicana y en ellos vendrá el cambio.
Si se va dar un cambio, que se tiene que dar a fuerza, ya no hay otra salida, será encabezada por los jóvenes y ahí estaremos para apoyarlos.

¿Cómo nace la idea de la formación del Comité 68? ¿Qué busca este Comité?

Hace 20 años. Siempre nos reuníamos, no en lugar fijo como tal, pero, nos reuníamos. Hasta que Raúl Álvarez me llama y nos dice que ya hay un lugar como punto de reunión. Las primeras veces, no iba tan seguido, por mi trabajo, pero después de ser pensionada, no faltaba a ninguna.

En las marchas del recuerdo del 68, nos dicen: “Ahí van los rucos del 68, huelen a pólvora” y lo dicen en forma significativa, porque nunca hemos dejado de luchar y ahí vamos. A mí luego me dicen: “Nacha, ¿por qué sigues, qué persigues?” Y les digo: “¿Cómo qué persigo? Pues…justicia. Yo no soy del grupo “perdón y olvido” eh, a mí no me interesa perdonar.

¿Qué dejaron todas estas movilizaciones a “La Nacha”, qué le dejó 1968?

El seguir luchando hasta que alcance la vida. Y por supuesto, no olvidar. 1968 es triste, pero, también me dejo grandes momentos y el conocer a personas tan gratas.

¡Hasta la victoria siempre! y así será.

http://megafonodepalabras.blogspot.com/2013/03/entrevista-ana-ignacia-la-nacha.html?view=classic

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