GÉNERO Y CIUDAD

Autora MARÍA DEL CARMEN GONZALEZ MONTES
Hablar de la ciudad es hablar del lugar donde vivimos, donde habitamos, donde conocemos a personas que llegan a ser parte de nuestro diario acontecer;

vecinos, amigos, compañeros de trabajo donde sentimos el dolor, la alegría, la indiferencia, el coraje y la impotencia de ver cuando la dañan, cuando la ensucian, cuando la destruyen y no poder hacer nada o no querer hacer nada por ella, pero también cuando la construyen, porque la ciudad somos todos sus habitantes: los que vivimos en ella, los que dormimos en ella, los que paseamos por ella. Es el espacio social y cultural donde nos relacionamos con sus múltiple formas y colores, densa, llena de vida, determinada e influenciada mutuamente; los habitantes por la ciudad y la ciudad por los habitantes.
La ciudad es también espacios públicos, sus calles, sus plazas, sus parques, está conformada por ellos, su construcción se refleja en ellos que actúan como lugares de identidad (Borja) de reunión, de encuentros, de historias que se conforman a cada momento. La ciudad como espacio construido no es neutral en cuanto al género. Es ante todo un espacio público donde se desarrollan los ciudadanos. Contiene y expresa las relaciones sociales entre los hombres y las mujeres tanto culturales como sociales.
En la ciudad los roles asignados socialmente a los hombres y a las mujeres también ocupan un espacio; los hay para los hombres y los hay para las mujeres, los edificios y otro tipo de obras que se van construyendo, como son negocios, centros comerciales, avenidas, camellones, parques, jardines, canchas deportivas tienen su preferencia de género.
Encontramos en la ciudad lugares y expresiones propias para ellas y propias para ellos. No es lo mismo mujer de la calle que hombre de la calle, la connotación que se les asigna es diferente, para ella negativa entendida como mujer pública o mujer de la calle con un fuerte significado de prostituta, de libertina, de provocadora; para él la carga es positiva, hombre de la calle, nos remite a búsqueda de sustento, de proveedor, salir a la calle a buscar para mantener a su familia, hombre público, hombre con jerarquía, con poder político, importante por desempeñar un cargo Público.
Con el mismo lente pensemos en negocios hechos para hombres y mujeres: cantinas para hombres que incluso algunas exhiben un legendario letrero “Se prohíbe la entrada a mujeres, niños y uniformados”. Si se piensa en él como una broma y adentro hubiese mujeres, están trabajando como meseras, un oficio con muy mala reputación. En este mismo orden de negocios, podemos encontrar en los baños públicos, de las tiendas de autoservicio, bases empotradas para cambio de pañales o ropa del bebé, servicio que obliga a las mujeres a realizar esta actividad y considerarla como propia de su rol, cuando en el baño de los hombres no la hay y si alguno de ellos las requiere, no las encontrará ya que el cuidado y la crianza de los hijos no figura socialmente para él.
El uso de la calle está determinada por quien la transita, si es mujer caminará por la acera, al lado del muro y el hombre del lado de la calle como símbolo que refleja su masculinidad: protector, cuidador, vigilante, no la puede llevar por la orilla es expresión popular de venta. Ellos pueden desplazarse por media calle, ellas caminaran por la banqueta, ellos mirarán de frente, ellas bajarán los ojos. Los parques y jardines son visitados con más frecuencia por mujeres y desarrolla en ellos su rol de cuidadora de hijos, están siempre al pendiente de su seguridad. Los hombres juegan con ellos. Los camellones han sido ocupados por deportistas y es común ver a las mujeres acompañadas por otras mujeres o por un hombre porque el acompañamiento les da seguridad del acoso callejero del que son víctimas. En tanto a ellos ir solos no les causa ningún problema.
En el tránsito vehicular las referencias hacia la habilidad de manejo por parte de los hombres hacia las mujeres son en términos despectivos con frases como “mujer al volante peligro constante” o “es vieja” o “vieja tenía que ser” y algunos hombres haciendo gala de ser un ‘as’ para el volante cometen tanta infracción vial, y socialmente les es más permitida.
Las canchas o áreas deportivas de la ciudad son ocupadas por hombres que hacen uso constante de ellas para jugar algún deporte o es el punto de reunión, ahí ocuparán las gradas para animar el juego, para ser parte de la reta, para platicar con otros.
Mirar a las mujeres de la ciudad con los lentes de la perspectiva de género es reconocerlas, tomarlas en cuenta, detectar y analizar diferencias sociales y culturales entre ellos y ellas, así como las relaciones que se establecen desde el poder entre los géneros. Es una forma distinta de pensar los procesos sociales.

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