LA NUEVA ESCLAVITUD

Autora: ANA LOREDO
¿Qué es la trata de personas? Se encuentra catalogado por la Corte Penal Internacional como crimen de Lesa Humanidad y es el reclutamiento, transporte, transferencia, albergue o recepción de personas con el propósito de explotación.


La trata de personas con fines de explotación sexual es calificada por la ONU como la nueva esclavitud del siglo XXI, pero más bien parece ser una evolución de la misma que se dice se abolió tiempo atrás. Los mercados de esclavos de la antigua Grecia fueron sustituidos por burdeles y por las esquinas de algunas calles al puro estilo del barrio rojo, mientras que las cadenas son ahora amenazas, violencia física y un desamparo legal.
En el artículo primero de la Constitución Mexicana dice y cito: “ESTÁ PROHIBIDA LA ESCLAVITUD EN LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS. LOS ESCLAVOS DEL EXTRANJERO QUE ENTREN AL TERRITORIO NACIONAL ALCANZARÁN, POR ESTE SOLO HECHO, SU LIBERTAD Y LA PROTECCIÓN DE LAS LEYES”. Palabras plasmadas en nuestra Carta Magna pero que ante la realidad actual son nada más palabras escritas en un libro viejo, puesto que ostentamos el aterrador segundo lugar en la comisión de este delito, superados por Tailandia que tiene el primer puesto.
Y no es que no existan leyes que deban prevenir, castigar y perseguir este delito. Existe la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia de las Víctimas, entonces ¿Qué está pasando en México? que se puede arrebatar sus derechos a nuestras connacionales y mujeres extranjeras que pisen el país, con la aparente mayor impunidad posible. Las mafias de la trata engañan o secuestran mujeres y niñas arrebatándoles así sus derechos a una vida digna; su libertad y seguridad individual; al no sometimiento de tratos crueles, inhumanos o degradantes; y una vez violado lo anterior, el Estado Mexicano les niega su derecho al acceso a la justicia.
En el otro extremo se encuentra la sociedad civil. Hemos “normalizado” el delito, designándolo a una invisibilidad inexistente o como se diría popularmente, hemos optado por “hacernos de la vista gorda”. Somos una sociedad machista y misógina. Contamos con un discurso cosificador y deshumanizante respecto a la prostitución: como ciudadanos denigramos e insultamos a las sexoservidoras; mientras como servidores públicos o agentes de policía ignoramos los delitos infringidos en su contra (desde ataques físicos hasta violaciones). La solución radica en cambios de forma paralela en la rama jurídica como en la mentalidad de la población. Tenemos que sensibilizarnos, desterrar estereotipos viejos y hacer visible y audible este problema para poder detener la demanda del sexo comercial.

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