CENICIENTA MODERNA

Autora: FLORINA OLIVARRIA
“Estudiar no quita lo cenicienta”, es el título de la conferencia magistral que disertó la Dra. Lourdes Pacheco, en el ‘Coloquio Nacional de Género’, llevado a cabo en el Instituto Tecnológico de Sonora en septiembre pasado.

La cual hace alusión a que las mujeres a pesar de estudiar seguimos siendo; ‘Cenicienta’. Personaje arquetipo del género femenino. Cenicienta, bella joven que realiza quehaceres del hogar en espera de un príncipe salvador. A las niñas se nos cuenta el cuento de la cenicienta, educando con ello, en el mundo de lo doméstico que asigna tareas del hogar a las mujeres, reproduciendo así el rol femenino que se considera como el estereotipo natural.
Las mujeres realizan labores del hogar, sin pago alguno con jornadas de tiempo completo, sin derecho a días de descanso, vacaciones, sin seguro social, aguinaldo y en muchos casos en condiciones de maltrato, tal y como le sucede a la cenicienta en el cuento. Se sigue confinando a las mujeres al espacio privado y a los hombres el espacio público. No escapa a ello la mujer que asiste a la universidad, la que estudia maestría, doctorado, las investigadoras y también mujeres empoderadas, ya que trabaja en lo laboral y realiza al mismo tiempo quehaceres en el hogar antes de salir de casa, durante y, después de estudiar o trabajar, realizando una doble jornada.
Con el uso de las nuevas tecnologías las mujeres envían inbox o whatsApp dando instrucciones a otra mujer para que elabore los alimentos para la familia o ella misma los prepara un día antes por la noche y, mientras cocina, pone la lavadora, plancha uniformes, revisa tareas, atiende a los niños, da de comer al marido, etc. Mientras, que todavía muchos hombres-príncipes después del trabajo se ocupan de mirar televisión, entrar al internet, salir con amigos a des estresarse, realizar actividades totalmente ajenas al mundo de lo doméstico, eludiendo la corresponsabilidad de las tareas de casa. Lo que marca una división del trabajo entre mujeres y hombres basada en el sexo. El hogar-casa sigue quedando a cargo de miles de mujeres en este país. Lo que no permite avanzar en igualdad a las mujeres, en relación a los hombres.
Desde el mundo de lo masculino a la mujer se les sigue excluyendo del ámbito público, la ciencia, la academia, la literatura, la política, reduciendo en ese sentido sus espacios, su movilidad y desarrollo.
La industria diseña juguetes con una carga simbólica para niñas y niños en la reproducción de roles y estereotipos de género. Para las niñas, juguetes relacionados con las tareas domésticas: la cocinita, la escoba, los trastes, el burro de planchar, las y los muñecos que le asignan una maternidad prematura. Mientras a los niños les compran juguetes para desarrollar destrezas, fuerza y poder, juegos de herramientas, vehículos militares, camiones, trenes, autopistas, automóviles, pelotas, muñecos que viven aventuras intrépidas que de acuerdo a los especialistas los determina para elegir su identidad futura. Asignando colores por sexo, para las niñas el rosa y para los niños el azul. Las niñas juegan con muñecas, los niños con carros. Las niñas son débiles, los hombres son fuertes. Los niños saltan, corren, trepan y las niñas “calladitas se ven más bonitas”.
Los medios televisivos también nos cuentan el cuento de la cenicienta a través de las telenovelas donde la joven se enamora de un joven príncipe. La idea del matrimonio se convierte en un sueño por el que suspiran muchas jóvenes televidentes, lanzándose a la búsqueda del príncipe salvador y llegar a ese punto final en donde terminan los cuentos –‘y fueron felices para siempre’- y que no es el punto final, porque inicia el cuento de la cenicienta moderna, una mujer con lavadora automática y secadora integrada, cocina integral, microondas, aparatos electrodomésticos de tecnología avanzada donde las únicas que los manejan son; las mismas mujeres.
La mujer ha salido al espacio público, pero los hombres necesitan entrar al mundo de la casa para realizar y compartir las tareas domésticas y con ello desnaturalizar los quehaceres del hogar como pertenecientes a las mujeres. Los estereotipos femeninos constituyen una violencia simbólica que no permite la igualdad. La falta de programas públicos en torno a esta condición, deja a las mujeres en una lucha personal que no es posible enfrentar de forma individual. Se hace necesario incluir en la educación la perspectiva de género con el propósito de cerrar las brechas existentes, entre hombres y mujeres.
http://www.cimacnoticias.com.mx/node/65099
http://www.elmundodecordoba.com/noticias/pais/2873404-UH

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