ESPACIO PÚBLICO Y MUJERES

Autora: Ma. DEL CARMEN GONZÁÑEZ
El espacio público como concepto urbano de civilización y cultura en la ciudad (Gamboa 2003) representa lugares de encuentro, de disfrute, de trabajo, de servicios; un lugar de tránsito entre uno y otro punto de la ciudad.

Este espacio es vivido por sus habitantes creando símbolos, intercambios, experiencias, diálogos y así construir colectivamente la imagen de la ciudad con sus distintas formas de observarla, de apropiarse de lugares, de darles sentido y significado a esas calles, a esos parques, a esas esquinas, (Iregui, 2007) y siendo público se accede a él con libertad para su uso tanto hombres como mujeres, pero para ellas se consideran espacios de riesgo a su seguridad física y psicológica, a pesar del uso tan necesario para llevar a cabo actividades de diferente índole: disfrute, esparcimiento o actividades propias a su rol de género, hecho que las lleva a enfrentar situaciones de violencia y por lo tanto restricciones en el uso de esos espacios.
Son ellas las que en su mayoría siguen caminando por las calles hasta llegar a la escuela de sus hijos con ellos de la mano, las que se trasladan a los abarrotes para hacer las compras y preparar los alimentos, las que caminan hacia su lugar de trabajo o a su centro educativo y en ese caminar por ese espacio público que es la calle, que es el parque, que es la esquina donde abordarán el transporte público que las llevará a otro punto de la ciudad, reciben por parte de los hombres piropos, silbidos, o les tocan el claxon del carro o son perseguidas por algún hombre ya sea a pie, en bicicleta o en automóvil, o les muestran los genitales e incluso llegan a tocarles alguna parte de su cuerpo, sobre todo si son mujeres jóvenes, este acoso callejero puede considerarse hasta “normal” bajo el argumento de mostrar la admiración hacia la belleza femenina pero, que ninguna mujer está obligada a recibirlo por el solo hecho de ser mujer y, esa “normalización” dificulta verlo como una forma de violencia y que se torne visible considerándola de menor importancia y por lo tanto no son denunciadas.
Las mujeres mayores son víctimas de asalto, sin menoscabo de pensar que a las jóvenes no les llegue a suceder, pues aparte del robo también les toca el manoseo.
Otro lugar limitante y de riesgo para las mujeres por el uso que se le pudiera dar a éstas áreas, son los espacios deportivos al aire libre, donde no hay bardas ni otro tipo de material que sirvan de división o contención y particularmente los construidos en los barrios o colonias populares. A ellos asisten en su gran mayoría hombres y se apropian de las canchas para jugar, actividad deportiva que por su condición de género desarrollan más que las mujeres, al disponer de tiempo libre y menos actividades o responsabilidades propias del hogar. También estos espacios deportivos se llegan a convertir en lugares de reunión para grupos de amigos y platicar o consumir bebidas embriagantes o drogas, entonces las mujeres evitan el paso, el uso y el disfrute de ellos al considerarlos peligrosos.
Las mujeres hacen de la acera de sus casas o cerca de ellas sus puntos de encuentro para reuniones o diálogos vecinales pero siempre junto al hogar o a la vista de la madre cuando son menores de edad.
Otra forma de uso y disfrute son los parques y jardines o áreas verdes, asisten ahí en compañía de niños pequeños para que sean estos los que gocen del lugar y ellas viven el espacio siempre a la expectativa, siempre vigilantes de la seguridad de los infantes, pero también de ellas mismas, ya que perciben el territorio con miedo a ser agredidas o atacadas de alguna forma considerada como violencia y que se dan en los espacios públicos de la ciudad en contra de las mujeres.


•Gamboa Samper, Pablo. (2003). El sentido Urbano del espacio público. En Revista Bitácora Urbano Territorial.
•Jaime Iregui- Zehar. Revista de Arteleku-ko Aldizkarla, 2007- arteleku.net

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