HABLEMOS DE VIOLENCIA A LAS MUJERES

por FLORINA OLIVARRÍA
Amnistía Internacional declara que en el mundo una de cada tres mujeres ha sufrido violencia y/o abuso sexual.

La Ley General de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia (2007), define la Violencia contra las Mujeres: (como) Cualquier acción u omisión, basada en su género, que les cause daño o sufrimiento psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual o la muerte tanto en el ámbito privado como en el público. En este sentido interesa hablar acerca de la violencia que viven las mujeres en el espacio público urbano. La calle, la esquina, el barrio, el transporte entre otros espacios públicos constituyen zonas de riesgo para las mujeres de cualquier edad, provocando el miedo continuo de ser agredidas o atacadas y en el caso extremo privadas de su derecho a la vida.
A diferencia del espacio privado las mujeres en el espacio público son agredidas por desconocidos que no guardan ninguna relación con la víctima. En la calle podemos ver a los hombres ejerciendo violencia verbal e invasión a los cuerpos de las mujeres desde un silbido, piropos aparentemente inofensivos, acercamiento sexual, miradas lascivas e intimidatorias hasta el feminicidio. Esta violencia se vive de manera naturalizada como una forma de relacionarse que tienen los hombres y las mujeres, lo que hace necesario modificar su cultura en cuanto a las relaciones de género. El acoso “callejero”, no es otra cosa que la violencia que ejerce el hombre desde la superioridad masculina hacia a las mujeres en la calle desde una posición de poder. El poder que se ejerce desde la desigualdad entre dos o más personas, por ser menor de edad, por condición física, por sexo, por el simple hecho de ser mujer.
La Violencia Feminicida es la forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitos público y privado, conformada por el conjunto de conductas misóginas que pueden conllevar impunidad social y del Estado y puede culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres como actualmente sucede en Sinaloa y en las otras entidades en el país.
El poder del hombre deriva en establecer que el cuerpo de las mujeres le pertenece. El espacio público urbano representa un espacio de riesgo para las mujeres, que ellas enfrentan todos los días, cuando se sale a trabajar, a la escuela, a divertir. Las mujeres cuidan sus salidas de noche porque se corre mayor riesgo de ser agredidas y limitar los horarios y los lugares a los acuden, lo que reduce su movilidad en la ciudad, perdiendo la libertad del uso del espacio, afectando su derecho humano. La inseguridad para las mujeres, forma parte de la violencia feminicida y los feminicidios que ocurren diariamente. La falta de medidas de protección para las mujeres, aumenta los riesgos, de que sean víctimas de violencia. El espacio público ofrece una serie de riesgos que los gobiernos en el cumplimiento de los instrumentos internacionales dictados para los estados partes en las convenciones referidas a los derechos humanos, tendrán que asumir, tomando medidas efectivas para poner fin a la violencia hacia las mujere. Al Estado le corresponde aceptar su responsabilidad ante los hechos violentos y la privación de la vida de las mujeres y reparar el daño causado. En palabras de Marcela Lagarde al feminicidio lo cobija la impunidad del Estado.
Autora: Florina Olivarría.
http://www.alzatuvoz.org/altoviolencia/
www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LGAMVLV.

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