EL EMPLEO JUVENIL EN EL SIGLO XXI

por ARTURO RETAMOZA LÓPEZ
Innegablemente, nos enfrentamos a un entorno de transformación y adaptación, económico, político y social; donde el quehacer de la política pública exige adecuaciones acorde a las necesidades actuales; donde la rápida evolución de las tecnologías y la expansión del conocimiento, plantean escenarios inciertos y difusos para la segunda mitad del siglo XXI en el ámbito económico-social.

La población subyace ante un clima adverso al bienestar; incertidumbre, hartazgo y complejidad. En México, las últimas dos décadas del siglo XX, dieron la pauta al cambio demográfico, esto representó un cambio significativo, observándose dos grandes grupos. El primero, la población de 50 años y más, y el segundo, el grupo que comprende entre los 15 y 29 años de edad, este grupo que comprende la juventud es sin duda, el grupo poblacional con mayor grado de vulnerabilidad. La población juvenil mundial, representó la quinta parte de la población total mundial en 2013. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en América Latina y el Caribe, hay alrededor de 108 millones de jóvenes entre los 15 y 24 años de edad, de los cuales poco más de la mitad forma parte de la fuerza laboral enfrentándose a altas tasas de desempleo e informalidad, lo cual representan un desafío para la región, pues la falta de trabajo decente genera un desaliento a las presentes y futuras generaciones de jóvenes en condición de trabajar, inhibiendo el desarrollo sostenible.
La OIT ha señalado a este segmento poblacional, como una generación en peligro. Por su parte la Organización de las Naciones Unidas (ONU) señala que “los jóvenes son un factor determinante en el cambio social, el desarrollo económico y el progreso técnico. Su imaginación, sus ideales, sus perspectivas y su energía resultan imprescindibles para el desarrollo de las sociedades en las que viven”. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) señala que “el desempleo es un factor de riesgo nuclear para los jóvenes, que amenaza su integración global en la sociedad a largo plazo”.
El desempleo se ha convertido en la principal problemática de las economías sobre todo en las denominadas economías emergentes. La misma OCDE, señala que la población juvenil es extremadamente vulnerable. Afrontan un alto grado de incertidumbre económica y social. Con demasiada frecuencia, no se aprovechan todas sus potencialidades porque no tienen acceso a empleos productivos y decentes (6).
El escaso crecimiento económico de las naciones, es sin duda el principal factor por el cual, la tasa de desempleo en las economías en desarrollo se ha incrementado. Según datos de la OIT, la tasa de desempleo juvenil disminuyó de 2005 a 2011, sin embargo ésta sigue siendo el doble de la tasa de desempleo general y el triple de la de la población adulta, representando el 40% del desempleo en América Latina y el Caribe. En relación al género, el papel de la mujer muestra condiciones con mayor adversidad de que el hombre, donde éstas muestran una tasa de desempleo del 18% comparado con el 12% de los hombres jóvenes.
La población juvenil enfrenta un enorme reto, las políticas y programas aplicado para solventar la problemática del desempleo no han sido acorde a las necesidades, ni suficientes. Las condiciones de precariedad e informalidad de la población juvenil hacen de este sector, un sector vulnerable a las condiciones económicas y políticas nacionales y globales.
Las soluciones dependen de las características de las regiones. Las políticas y programas en pro de la juventud deben buscar la sostenibilidad y el bienestar del joven inmerso en la fuerza laboral, propiciando el marco legal y económico para incrementar su desarrollo es decir, mejorar las condiciones de acceso a la salud en el mercado trabajo, mejorar las políticas de salarios, y promocionar e incrementar las habilidades y competencias educativas, tal y como lo señalan los organismos internacionales, “Del grado de coordinación alcanzada entre el ámbito de la oferta y el de la demanda de empleo depende, en gran medida, el logro de una mayor y mejor inserción laboral de los jóvenes. Es necesario aumentar el impacto de las intervenciones y al mismo tiempo hacer más rentables los recursos que se invierten, de manera que se incrementen las bondades de los programas”.
El esfuerzo que implica sacar adelante a la juventud, es enorme. Como gobierno y sociedad, se deben buscar y plantear las mejores soluciones a este problema, pues las repercusiones en el corto y mediano plazo serán catastróficas, en las cuales los gobiernos no podrán soportar la carga social y financiera que el desempleo juvenil accionará.
Autor: Dr. Arturo Retamoza López

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