DELIRIO

Como le digo padre,  traigo la muerte en la espalda, la siento, la huelo, yo oía decir antes que la muerte era liviana, pero no, eso de traerla enzartada en el lomo, a todas horas para donde vas,  es cansado y más  cuando ya estás viejo y pesa más la carga.

Siento que siempre ha andado conmigo padre, esperando,  cazando, y ha sido una de andar jugando con ella: que si el camión que te pasa rozando, que si el cable pelón en el suelo, que si el dedo amoratado por el tétano, que si la bala que pegó donde estaba tu cabeza cuando te agachaste  a rascarte,  por eso,  que bueno que la traigo cerca,  porque el día que  yo quiera la bajo,  le hago un campito en mi pecho y ahí que se quede dormida, bueno eso digo yo porque no la había visto tan de adeveras padre, pero  no se si sea la misma ahora que estoy así, como ve?

Deja que se te acerque, me dijo el padre, que tan malo puede ser que te mueras, si ya tienes el cielo ganado,  no padre le dije,  por lo pronto no,  no  le voy a dar el gusto, que batalle, así como he batallado yo para quitármela de encima.

Las dolencias no me han dejado, tengo días así, siento que se me nubla la vista, y me agarra un entumecimiento en el cerebro y ya no puedo pensar no puedo hacer nada, sólamente me duermo y empiezo a soñar, sueño mucho recordando el miedo que le tenía a la muerte desde  chiquillo,  cada vez que veía el cielo encapotado con un montón de nubes grises, me imaginaba que detrás de ellas estaba   sentada, viendo por un claro, a ver  quien seguía para venir por el y por eso no me gustaba voltear pa arriba, para que no se fijara en mi.

Yo no le contaba a  nadie, me daba miedo que ella se diera cuenta de que andaba de mitotero y que por eso se enojara,  me agarrara desprevenido por la espalda,  me levantara y me llevara colgando.

Una noche me dio mucho miedo, había estado muy nublado en la tarde y más o menos como a las diez de la noche, empezó a llover mucho y con  un airazo, se oían zumbar los cables en el poste  de la luz, shshshshshshshsh,  se oían también las ramas de las pinguicas azotarse entre ellas,  traz, traz,  se oyó un tronido muy fuerte, ¡pum¡ ¡se fue la luz¡ y se quedó todo oscuro,  vivíamos en la parte de arriba de una loma, la casa con techo de láminas de cartón clavadas a los palos y con horcones de madera,  las paredes eran de ladrillo parado amarrados con fajillas, el ruido de la lluvia y del aire pegando sobre las paredes  y el techo eran insoportables, la lluvia de pronto se calmaba un poco, y el aire seguía rumiando bajito, pero luego volvían con más fuerza, plas, plas, yo dormía en el suelo en un tendido de cobijas, y a pesar de que me apretaba las manos contra las orejas con todas mis fuerzas para no oír nada,  seguía zumbándome en los oídos  el horrible sonido de la tormenta, recuerdo que me agarró  un temblor muy feo, cuando una parte del techo se levantó con el viento, pedazos de lámina salieron volando y pude ver claramente la  cara de la muerte,  entre el reflejo  de los relámpagos,  me abracé de mi hermano   temblando  y llorando y  me dijo, no tengas miedo, ya va a pasar, pero no,  seguía con  más fuerza el viento,  el techo se seguía levantando y mis papás y mis hermanos más grandes se tuvieron que colgar de el para que no se lo llevara, pero aún así se levantaba, a mi me latía bien feo el corazón porque sentí que iba a salir volando para arriba con el ventarrón, me agarré de los pies de mi amá y le grité, ¡amá no dejes que me lleve¡, ¡no dejes que entre¡ que te lleve quien¡, que entre quien¡ me contestó mi amá casi gritando, pues la muerte  que no la ves? Estás loco,   suéltame y acuéstate, estás viendo como está el aguacerón y tú con esas cosas de locos.

Otra vez también la ví cerca, padre, recuerdo que  mi apá siempre había tenido pistola, de la que me acuerdo era una pistola grande y plateada, cada vez que se emborrachaba la sacaba y tiraba balazos sin importarle que pegaran donde pegaran, una vez me acuerdo que tenía todo el día tomando, eran ya como las once de la noche y no quería dejar de tomar, le dijo a mi amá que le fuera a traer unas caguamas al expendio y mi amá le contestó enfadada, ¡estás loco¡, ya está cerrado y aparte está bien oscuro ¡acuéstate¡ ya y deja de estar tragando, entonces el se enfureció, se puso como loco, y fue al veliz donde tenía guardada la pistola, la agarró y se fue contra mi amá,  la tomó de los cabellos y le dijo, ¡ahorita me vas a ir a traer la cerveza¡  y paz le metió un cachazo en la espalda, mi amá se tropezó, cayó al piso y el no la soltaba de las greñas, entonces yo que tenía 12 años, lo agarré de la pierna y a como pude lo tumbé, soltó a mi amá, pero me agarró a mi, caí junto a el y vi despavorido como levantó la pistola y me dijo ¡te voy a matar¡, me apuntó con el cañón y  disparó justo en el momento en que mi amá le pegó una patada en el brazo y el balazo pegó en la pared entre dos de mis hermanos que veían aterrados lo que sucedía, me levanté temblando y me salí corriendo de la casa, la calle estaba oscura, pasé por un callejón donde había una finca a medio terminar y abandonada,  entre las ramas se asomaba un rayo de luz y pude ver  de nuevo su cara con una siniestra sonrisa, como diciendo, de esta te salvaste, pero sigo esperando.  
   
Otra vez que la vi cerca  pero esta vez en un sueño fue cuando tenía como 16 años, soñé que eran  como las siete de la tarde,  y que yo estaba afuera de la casa, sentado en una bardita de concreto,  tocando en la guitarra Cantares, una rola de Serrat, cuando en eso llegó el Santiaguillo, un plebe que me caía bien gordo porque me quería bajar a mi novia, era bien cabrón, y en cuanto llegó me dijo: me la debes compa, vamos a pegarnos un tiro, yo volteé y le dije,  cálmate Santiago, no estés chingando ahorita, no tengo ganas de pelear, pero me tiró una patada y paz, le pegó a la guitarra, me la quebró, me dio mucho coraje y nos tramamos, logré tumbarlo y subirme arriba de el, y en eso estábamos cuando de repente se empezaron a oír ruido de voces, eran muchas, vimos un corredero de plebes que venián bajando la loma, córranle nos dijo uno, hay bronca allá arriba, yo me levanté y corrí hacia abajo a toda velocidad, volteé para atrás y vi un policia con la pistola en la mano que venía sobre mi, pensé esconderme en una barrica que estaba en la calle, pero decidí que no y seguí corriendo, llegué a una casa y me metí de rondón sin pedir permiso porque la puerta estaba entreabierta,  estaba oscuro, no había nadie adentro, me dio miedo y me salí y vi que ahora venían varios policías buscándome, salí a la otra  calle y me metí a una zanja del drenaje que estaban construyendo, me agazapé en la zanja tratando de contener la respiración y con los ojos pelones en la oscuridad, esperando que los policías pasaran de largo, pasaron unos segundos de espera que se me hicieron eternos y se oyeron los pasos de los  policías que pasaron por arriba de la zanja sin verme, pero la que no pasó de largo fue la muerte que se plantó de frente a mi, en la entrada, se vino por entre la zanja, caminando lentamente y haciéndome señas de que me callara, se fue acercando más, más, más, su rostro se me fue acercando casi  hasta tocarme la naríz, yo quise gritar, me estaba muriendo de miedo, pero no me salió ni un grito, no me salió nada de voz, se me quedó atorada en la garganta por el terror, desperté del sueño temblando, prendí la luz y me acordé que me había acostado con miedo,  viendo una figura parecida a la muerte que se había formado en la pared del  cuarto donde dormía,  con la humedad de la lluvia y lo blanco del yeso.    

Ahora que estoy así, la muerte se ha vuelto mi sombra padre, ahora sí, me persigue día y noche, me quiero hacer el valiente,  la busco y   se me esconde, la he tenido cerca ya varias veces  que ya no me asusta, es más,  hasta le compuse un poema.
Usted cree que le gusten los poemas padre?, lo leo muy seguido aquí en la cama del hospital,  ahorita mismo lo estoy repasando en la memoria porque no se ve nada,  todavía está usted aquí? ... ¡espérese¡, oigo un ruido bajito, como de pies descalzos, no oye nada? mire la hora, es de madrugada,  a esta hora aquí todo sucede,  las luces están casi todas apagadas, todo está en absoluta calma, nada más el ruido de esos pasos, ¡oiga¡,  se acercan cada vez más, ¡ahí está¡, es una sombra, es ella,  se acerca más, me está viendo, no me quita la vista, dígale que se vaya padre¡ quítemela de encima, se acerca poco a poco sin apartar su mirada de la mía, no puedo hablar ya no puedo, mi respiración se hace más corta,  no opongo resistencia, me toma un brazo y me lo hace a un lado, luego el otro, se acuesta contra mi pecho, me va sofocando con su cuerpo cada vez más y más, ¡ya no puedo resollar¡,  me bebo su esencia y siento que se me mete adentro a dormir conmigo.

Autor: Ricardo Carrillo Damasco

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