Lunes, 08 Enero 2018 16:43

TRANSPORTE URBANO. PROBLEMA PERMANENTE

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por GUILLERMO SANDOVAL G
Aparatoso y trágico el accidente producido por el choque de un camión de transporte urbano y el tren de carga, 19 personas lesionadas y una perdió la vida, esto en Culiacán, junio 2014.

Los accidentes del transporte urbano no son nuevos y tampoco el único problema que provoca inseguridad para el usuario. Ya en año de 1996, 31 de mayo, se suscitó otra tragedia de alcances mayores en el puerto de Mazatlán, en aquella ocasión perdieron la vida 34 personas y una decena de heridos, cuando el camión trató de ganarle el paso al ferrocarril.
Otro ejemplo de tantos accidentes, es el ocurrido en el sector Cañadas en Culiacán debido a una falla mecánica, un camión urbano chocó contra un poste de la CFE, resultando del incidente al menos 35 pasajeros heridos según lo consigna el Periódico Noroeste del día 20 de marzo de 2014.
El 10 de octubre de 2009 el periódico Noroeste consigna una nota donde se señala que el dirigente del Frente Estatal de Transportistas anuncia con un procedimiento de Certificación y cursos a choferes del transporte urbano de Culiacán, se busca evitar accidentes, por esas fechas también ocurrió otro percance, una joven falleció al caer de un camión urbano en la Colonia El Vallado, la empresa Conocer y el instituto Politécnico Nacional serían los encargados de los cursos y la Certificación de los conductores.
Esto que comentamos es sólo un puntito de lo que ha sucedido alrededor del transporte de pasajeros en Sinaloa, hay los casos del trasporte suburbano, el transporte de trabajadores agrícolas, son problemas viejos sin soluciones o al menos lo que se a propuesto o intentado como solución no ha tenido los efectos de se debieran o bien sólo se atienden mientras pasa el escándalo.
A esto hay que sumarle el problema de inseguridad, los asaltos en plena ruta urbana, los despojos a los pasajeros, algo tan común que hasta se hace costumbre prevenir no llevar algo de valor por aquello de un asalto en el lomita cañadas o en cualquier ruta del transporte urbano.
Ya no caben más soluciones fáciles o de orden mediático en la problemática del transporte colectivo de Sinaloa, ya no cuando se pierden vidas, cuando se ponen en riesgo al usuario al transeúnte o a quien éste cerca o por el rumbo…
Transcribimos aquí las conclusiones del artículo “Lo cotidiano en el transporte público de Culiacán: hacia una movilidad urbana sostenible y segura”, publicado en la Revista de Estudios Urbanos y Ciencias Sociales. Volumen 3, número 1, páginas 123-139, Burgos Dávila, C. J.; Et. Al.
“En lo que va de siglo, la movilidad urbana se ha convertido en uno de los grandes desafíos de los gobiernos locales y de los planificadores. En la medida en que grandes contingentes de personas optan por vivir en ciudades, una gestión eficiente y sostenible de su movilidad es una tarea que no puede pasarse por alto. El transporte público urbano es uno de los factores críticos a tomar en cuenta cuando se trata de estudiar la movilidad y, sobre todo, a la hora de hacer propuestas que la optimicen.
En este estudio nos hemos centrado, precisamente, en ese factor; específicamente, en los problemas que confronta el transporte público en la ciudad de Culiacán. Como ya hemos dicho, el transporte público de esta ciudad funciona liberado de su meta original: no es puntual ni se apega a un orden operativo mínimamente racional; es ineficiente, incómodo y antihigiénico. Estos rasgos impiden que sea considerado como una opción de movilidad urbana plausible para el usuario actual y potencial. De hecho, esta especie de diagnóstico negativo es al mismo tiempo el punto de irradiación de la mayoría de las quejas. El transporte público urbano en la ciudad de Culiacán, tal como está ahora, representa un peligro generalizado tanto para los conductores como para los pasajeros; incluso, también para los peatones y los conductores de autos particulares.
Desde el punto de vista operativo, el transporte público en la ciudad de Culiacán parece estar guiado por una especie de voluntad anárquica por parte de los conductores y, también, de los usuarios. Por ejemplo, los unos y los otros definen y asumen las paradas siguiendo criterios personales y de conveniencia instantánea. Lo mismo ocurre con la relación entre el servicio y el tiempo; entre la calidad y el interés pecuniario, etc. Con un perfil así, el transporte público deja el campo abierto para que se imponga la inseguridad.
Subir a una unidad es ponerse en riesgo de ser asaltado, o que el conductor cause un accidente vial debido a su manera de conducir que, hay que decirlo, es más bien desaforada. Además, el transporte público en Culiacán es presa fácil para los asaltantes.
Por otro lado, tal como hemos destacado, los conductores de las unidades de transporte público mantienen una relación antagónica con los estudiantes. Puesto que son beneficiados por una tarifa preferencial, los conductores los ven como agentes que afectan directamente sus ganancias y, en consecuencia, los tratan de manera displicente, discriminatoria y agresiva.
Evidentemente, el diagnóstico no es positivo. Sin embargo, ese resultado en modo alguno debe interpretarse como un signo de desahucio. Todo lo contrario, debe verse como una necesidad urgente de cambiar y mejorar significativamente el servicio. Ya han sido identificados los focos problemáticos. Ahora, la tarea debe consistir en, por un lado, diseñar e implementar políticas de gestión y funcionamiento del transporte público urbano y, por otro, adelantar campañas para que los habitantes de la ciudad hagan más sostenibles las relaciones en y con el transporte público de Culiacán.”
Autor: Guillermo Sandoval G.

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