MEDIACIÓN EN EL SIGLO XXI

por MARÍA DEL ROCÍO SÁNCHEZ BECERRA
Algunos autores contemporáneos, señalan la importancia de analizar a profundidad, acerca de las mediaciones en las que se han subsumido actualmente jóvenes y niños, debido al contexto sociocultural que les ha toca vivir, donde esta generación joven es representativa de una forma particular de comunicación.

Actualmente, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (denominadas TIC’s) aunado a Internet, han posibilitado que el aprendiz, se desarrolle en un contexto acorde a nuevas formas de comunicación. Sobre el entorno Internet que es más actual si se compara con otros medios como la Prensa, la Radio y la TV, se puede afirmar que posibilita el acceso a abundante información.
Aunque, esta afirmación aparentemente de perogrullo, es solo una realidad para algunos y no tajantemente para todas las personas, por ejemplo, en muchos planes de estudio de las instituciones educativas y, de los distintos niveles escolares, declaran que los alumnos adquirirán en el trayecto de su educación formal, la alfabetización pertinente, esa alfabetización deseable que demanda el siglo XXI, y que los procesos formales, desde las aulas, conformarán a las competencias acordes al nuevo siglo. Y con lo cual, o implícitamente con esto, –por desgracia- de no impulsarse esto, también se estará segregando a quienes menos posibilidades de acceso tienen a las tecnologías actuales.
Si realmente pensamos, en las características de las mediaciones múltiples que fueron recibidas por los alumnos desde el contexto social y cultural, desde la oferta del entorno enriquecido en su contexto, nos percataremos de la enorme seducción, atracción, etc., que prevalece desde esos diversos dispositivos tecnológicos, tal como la prensa, la radio, la TV, la multimedia, etc., en comparación con los procesos que acontecen en un aula común de la escuela pública.
Al respecto de lo señalado y aparentemente cambiando de tema, retomando a Ferrés (2008), nos afirma cómo en la actualidad es imposible enseñar sin poner el acento en la ‘inteligencia emocional’. Donde la Inteligencia Emocional, es el peldaño que hará posible se consiga un proceso educativo con éxito, de resultado deseable. Este reconocimiento provoca que el sistema escolar pretenda incorporar la Inteligencia Emocional a través de asignaturas en los planes de estudio pero, finalmente dejando de lado el aspecto central, que es la vertiente en la cual nos movemos, particularmente se mueven los alumnos del siglo XXI, que son el centro de la sociedad actual, la generación joven, la joven generación para la sociedad del siglo XXI.
La adopción del cómo se concibe y operativiza la práctica del concepto de la inteligencia emocional, repercute en el cómo se diseña o rediseñar un aula, que debiera asumirse más desde de la concepción de un aula 2.0, puesto que estamos hablando de un alumno propio de este entorno y deseablemente así. Además, reconocido de esta forma desde distintos planes de estudios de las escuelas. Pero, cómo lograrlo cuando es tan dispar la relación del entorno propicio para dicha comunicación, que por desgracia son las circunstancias de escuela pública, que poco aporta para mejorar la dinámica educativa, que sea adecuada a las mediaciones múltiples que el joven/niño ha fortalecido en su escenario local o social.
Pareciera ser que más bien, el alumno debe aprender a desenvolverse en el ‘Nuevo Entorno’ para él que ha sido dispuesto por la escuela, sin que se le ofrezca el entorno deseable, ese que se declara en los planes y programas. Reconociendo de nuestra parte, que la escuela debe estar más circunscrita a otras dinámicas, ya que la escuela solo ofrece a este alumno del siglo XXI; un pizarrón, profesor de la asignatura, un libro de texto, algunos materiales impresos, etc., y no sucede con los entornos donde la comunicación es dinámica y accesible, vertiginosa, intuitiva, interactiva, inmediata, etc. Por desgracia las circunstancias educativas, poco aportan a mejorar la dinámica educativa y el menos aún, el rediseño del aula.
Así en la obra de Ferrés (2008) se afirma cómo un docente del siglo XXI debe contar con capacidades comunicativas superlativas, mismas que le permitan competir con la oferta creciente de estímulos que han recibido los alumnos en su proceso de vida por el sistema de medios de comunicación (TV, internet, TIC’s, etc.). El sistema educativo, intenta desarrollar la perspectiva fundamental que es ‘aprender a aprender’. Esa tendencia, ha sido bien reconocida desde la aparición de los diversos medios de comunicación pero aún, no implementada por la escuela en general si somos muy sinceros y nos remitimos a los hecho, veáse; un libro de texto, información muy acotada, carencia de TIC’s e internet.
Las dinámicas comunicativas generadas en el contexto socio-cultural; se interactúa con la información. De forma particular, el sujeto social aprende gracias a las informaciones que los dispositivos tecnológicos actuales y sumados a los viejos o anteriores apoyan en esta tarea. Todo este escenario del contexto, hace que las personas accedan autónoma, e intuitivamente, etc., a la información. Por ello, la generación joven debe estar alfabetizada dentro de las nuevas perspectivas comunicacionales.
Así, la escuela del siglo XXI, debe asumir su papel, desarrollando más la autocrítica para la escuela que sustenta. Será urgente redimensionar, cuáles son los procesos más adecuados, pensando precisamente en estos alumnos de hoy, para no discriminarlos automática y de antemano o previamente. Desafortunadamente, actualmente el acceso y capacidad de interactuar con tales tecnologías digitales, son aprendizajes que la escuela ‘común’ ha omitido, para desgracia de sus alumnos. Ya que, el aprendizaje y la enseñanza dentro de la institución escolar sucede estando ajeno o no relacionado a estos entornos. Aunque, si bien es cierto se ha declarado desde los planes y programas de su enorme importancia aún son letra muerta.
Autora: Ma. del Rocío Sánchez Becerra

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