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EL CUERPO DE LA MUJER

  • Jueves, Feb 18 2016

Los cuerpos de las mujeres en una sociedad patriarcal es un cuerpo objeto. El cuerpo como objeto de uso sexual, como vehículo para adquirir paternidad, para obtener servicios de cuidado sin pago alguno. En un sistema como el nuestro androcéntrico el cuerpo de las mujeres tiene una concepción utilitaria, materialista, que sirve para el otro o los otros.

La mujer que no logra la maternidad deja de verse como tal, a la que se le otorga valor por el hijo, madrecita santa, tal como la define Marcela Lagarde. La ciencia hecha y desarrollada por el hombre investiga tratamientos, que en la mayoría de los casos son traumáticos, con el fin de que la mujer logre convertirse en madre. Así, la mujer es vista bajo una concepción meramente biológica al servicio de los otros que la margina y la excluye de sus derechos. 

La mujer es vista y tratada como objeto propiedad del hombre, del que se puede disponer, poseer, ejercer violencia, abusar sexualmente hasta asesinarla por el solo hecho de serlo, tanto en un espacio privado como en un espacio público. Dentro del espacio privado, un lugar cerrado, una casa, cuatro paredes; las mujeres que lo habitan pertenecen a los hombres; llámese, esposo, padre, hermanos, hijos, entre otros. Ese derecho de propiedad también incluye a las mujeres y a las niñas como objetos suyos, en una relación de inequidad, de dominio por parte del hombre y subordinación de la mujer. Es aquí donde se comete en gran medida los mayores abusos y delitos; la violencia sexual, la violación, el incesto y otras violencias vividas por las mujeres en donde se irrumpe la vida. 

Los espacios por donde transitan las mujeres son territorios masculinos. Las mujeres, se convierten en mujeres objetos para la satisfacción del deseo sexual de los hombres.  Es el acoso sexual callejero una expresión de la violencia de género que es apenas el umbral de una violencia feminicida que asesina con saña y dolo a sus mujeres. Se sabe que las mujeres viven la calle de manera distinta a los hombres. Mientras que el hombre se mueve con mayor libertad de ir y venir de un lado a otro, ya sea en el día o la noche; las mujeres lo viven evitando el encuentro con ese otro masculino, que la observa, que la mira, que la persigue, que la acosa, que le obstruye el paso y que limita por tanto la libertad de movimiento de su cuerpo y su desplazamiento por el espacio público.

El territorio le pertenece y puede tomar, lo que quiera de él, incluyendo los cuerpos de las mujeres que tienen nombre y apellido. Es el caso de las mujeres en Sinaloa asesinadas en la calle, a plena luz del día; en total indefensión y en la complicidad de una autoridad que carece de compromiso para proteger la vida de las mujeres y niñas.

Autora: FLORINA OLIVARRÍA 

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Publicado en GÉNERO

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